Dos siglos de vacunación y desconfianza
La desconfianza ante las vacunas, incluso el rechazo total de una parte de la población a vacunarse, no surgieron con la pandemia de COVID-19 y nacieron con la aparición misma de la «vacunación».
«El rechazo a la vacunación es tan viejo como la vacunación misma», según el historiador de la salud, Patrick Zylberman.
Recorrido por más de dos siglos de avances y sospechas.
Con unas pústulas sumamente contagiosas, la viruela fue durante siglos un flagelo terrible.
En 1796, el médico inglés Edward Jenner tuvo la idea de inocular una forma del virus de la viruela benigna en un niño para estimular su reacción inmunitaria.
El proceso funcionó. Había nacido la «vacunación».
En Reino Unido, la vacuna contra la viruela fue obligatoria para los niños a partir de 1853. Esta obligatoriedad generó una oposición virulenta.
Los detractores alegaban el «peligro» de inyectar productos procedentes de los animales, «motivos religiosos» o «atentado a las libertades individuales».
A partir de 1898 se introdujo una «cláusula de conciencia» en la legislación británica para permitir a los recalcitrantes no vacunarse.
A finales del siglo XIX, Louis Pasteur puso a punto una vacuna contra la rabia a partir de una cepa atenuada del virus. En 1885 se realizó una exitosa inyección a Joseph Meister, un niño al que le había mordido un perro sospechoso de tener rabia.
En este caso hubo también desconfianza. Pasteur fue acusado de querer enriquecerse con la fabricación de una «rabia de laboratorio».
Tras la vacuna contra el tifus que se puso a punto al final del siglo XIX, los años 1920 vieron multiplicarse las vacunas contra la tuberculosis (BCG, 1921), la difteria (1923), el tétanos (1926) y la tosferina (1926).
También en los años 1920 se empezaron a utilizar sales de aluminio como coadyuvante para aumentar la eficacia de las vacunas. Esto será también una fuente de sospecha para los detractores de las vacunas, en particular en Francia.
En 1998, un estudio publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet sugiere una relación entre las vacunas SPR (sarampión, paperas, rubeola) y el autismo.
Se descubre que se trata de un «amaño» del autor Andrew Wakefield. Pero ni el desmentido oficial de la revista ni los trabajos posteriores demostrando la ausencia de vínculo lograron acallar los temores.
Este estudio sigue siendo habitualmente citado por los detractores de las vacunas.
Este escepticismo tiene como consecuencia el «resurgimiento de algunas enfermedades contagiosas» como el sarampión, subraya Patrick Zylberman en su libro «La Guerre des vaccins» (La guerra de las vacunas).
El sarampión mató a 207 500 personas en el mundo en 2019, 50 % más que 2016, en un contexto de disminución de la vacunación global, advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En 2009, la pandemia de gripe H1N1, causada por un virus de la misma familia que el de la gripe de 1918, hizo sonar las alertas en la OMS. Se organizaron campañas de vacunación, pero la epidemia fue menos grave de lo previsto, causando solo 18 500 muertos.
Millones de dosis tuvieron que ser destruidas y los reproches a la mala gestión reforzaron la desconfianza en las vacunas en numerosos países, donde los «antivacunas» subrayan casos de efectos secundarios pese a que son muy raros.
Oficialmente erradicada desde agosto de 2020 en África gracias a la vacuna, la poliomielitis se resiste en Asia, en Pakistán y Afganistán, donde esta enfermedad provoca parálisis en los más pequeños.
El fracaso de las campañas de vacunación se explica sobre todo por la desconfianza de las poblaciones rurales y la creencia en teorías de complot contra los musulmanes.
agosto 06/2021 (AFP) – Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.
Científicos destacan beneficios de dormir siestas
Científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Estados Unidos, destacan que dormir siestas es más beneficioso que añadir más horas al sueño nocturno, reveló un informe de la institución.
Estar más tiempo en la cama no garantiza una elevada productividad laboral o disminución de la presión arterial, entre tantos ejemplos que anteriormente se planteaban.
Los científicos, según el comunicado, probaron que las siestas suelen ser más beneficiosas, pues contribuyen a mejorar el proceso de cognición, eficiencia, toma de decisiones y el bienestar en sentido general.
Otro punto de la investigación refiere que «dormir más horas no equivale a mayor bienestar, aspecto que está vinculado a la calidad del sueño«, subraya la fuente.
Respecto a la calidad del sueño el sitio científico Mayo Clinic sugiere revisar los medicamentos y los suplementos que toman las personas.
Evitar ingerir líquidos hasta dos horas antes de ir a la cama para reducir las idas al baño, y mantener el ambiente donde duermes lo más oscuro posible.
De ahí la importancia de evitar las luces provenientes del televisor, de la pantalla de la computadora o dispositivos móviles, porque la luz altera el ritmo natural que tiene el cuerpo al momento de dormir.
Asimismo, los expertos sugieren no consumir productos con cafeína, ni alcohol ocho horas previas de acostarse.
Los licores ayudan a quedarse dormido, una vez que su efecto desaparece, la persona es más propensa a despertarse durante la noche.
agosto 06/2021 (Prensa Latina) – Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.
Muchas personas con infecciones leves siguen experimentando síntomas a largo plazo, según estudio
La mayoría de las personas que sufren una infección leve o moderada por COVID-19 también experimentan COVID-19 persistente, es decir, síntomas persistentes más de 30 días después de dar positivo, según los datos de la investigación del estudio longitudinal ‘CoVHORT’ de la Universidad de Ciencias de la Salud de Arizona (Estados Unidos).
«Hemos demostrado que aproximadamente el 67 por ciento de las personas con COVID-19 leve o moderado tienen COVID-19 persistente, es decir, que siguen teniendo síntomas más de 30 días después de su prueba positiva. Esta es una verdadera llamada de atención para todos los que no se han vacunado. Si contraes la COVID, las probabilidades de que experimentes síntomas a largo plazo son sorprendentemente altas», explica Melanie Bell, la investigadora principal del estudio, que se ha publicado en Journal Frontiers in Public Health.
La investigación analizó los datos de los participantes en el ‘CoVHORT’ en intervalos de tres meses. Desde mayo de 2020, el estudio ‘CoVHORT’ ha seguido a los residentes de Arizona que tenían COVID-19, así como a los que no se han infectado, a través de encuestas en línea que registran el estado de la infección, los síntomas y cualquier prueba positiva.
Entre los participantes que dieron positivo, el 68,7 por ciento experimentó al menos un síntoma después de 30 días, lo que marca la distinción de COVID largo. Esta prevalencia aumentó al 77 por ciento tras 60 días de seguimiento.
Los investigadores también descubrieron que los individuos que experimentaron COVID-19 persistente tenían más probabilidades de tener menos educación, tener alergias estacionales y condiciones de salud preexistentes, y autorreportar una mayor severidad de los síntomas.
Las personas con COVID-19 persistente que fueron encuestadas 30 días después de una prueba positiva informaron (en orden de prevalencia) de: fatiga, falta de aliento, niebla cerebral, estrés/ansiedad, alteración del gusto/olfato, dolores corporales y musculares, insomnio, dolores de cabeza, dolor en las articulaciones y congestión.
El número y la gravedad de los síntomas, así como la duración de la infección, varían mucho entre los individuos infectados por COVID-19. La mediana del número de síntomas fue de tres, pero llegó a ser de 20 entre los participantes. La experimentación de síntomas de la infección por COVID que duran 30 días o más ha sido definida científicamente por los investigadores como secuelas post-agudas de COVID-19.
Para este estudio, la prevalencia de síntomas es solo ligeramente inferior a las estimaciones de prevalencia comunicadas para los individuos hospitalizados. Esto sugiere que los individuos no hospitalizados con infección por COVID-19 pueden experimentar síntomas prolongados de COVID-19 casi con la misma frecuencia que los individuos hospitalizados.
agosto 06/2021 (Europa Press) – Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.
Referencia:
Catalfamo C. J., Heslin K. M., Shilen A., Khan S. M., Hunsaker J.R. , Austhof E. , Barraza L. , Cordova-Marks F. M., Farland L., Garcia-Filion ,P., Hoskinson J., Jehn M., Kohler L.,Lutrick K., Harris R., Chen Z., Klimentidis Y., Bell M. L,.Ernst K. C. , Jacobs E. T., Pogreba-Brown K. : Design of the Arizona CoVHORT: A Population-Based COVID-19 Cohort. STUDY PROTOCOL article . J Frontiers in Public Health. (9), 21,2021. https://doi.org/10.3389/fpubh.2021.620060
La resistencia a antibióticos: un problema global que requiere una acción urgente
En el último informe de Encuestas de Prevalencia de las Infecciones Relacionadas con la Asistencia Sanitaria (IRAS), 2019, más del 85 % de los microorganismos aislados eran sensibles a marcadores de resistencia.
En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se posicionó en su Plan de Acción Global (Global Action Plan on Antimicrobial Resistance) sobre la creciente amenaza de bacterias resistentes a antibióticos, insistiendo en la necesidad de abordar este problema lo antes posible para prevenir sus devastadoras consecuencias en la población. No obstante, la resistencia a antibióticos (AMR, por sus siglas en inglés) ha ido aumentando hasta convertirse en un grave problema para la prevención y el tratamiento de las enfermedades infecciosas.
La AMR es un proceso natural de las bacterias a través del cual algunas de las bacterias que causan las infecciones sobreviven a la exposición a antibióticos que normalmente las matarían o inhibirían su crecimiento.
Las bacterias resistentes que sobreviven se multiplican y se extienden con mayor rapidez debido a la disminución de la competición con otras bacterias, dificultando las opciones terapéuticas.
Al desarrollar nuevos mecanismos de evasión, las bacterias se diseminan, amenazando a los tratamientos actuales para las enfermedades infecciosas. Esto provoca un aumento en la duración de la enfermedad, duración de los ingresos hospitalarios, en la morbilidad y mortalidad, así como, en los costos del sistema de salud.
Por tanto, si los tratamientos actuales son cada vez más limitados, muchos de los procedimientos donde se requieren antibióticos de manera rutinaria como grave peligro para los pacientes, puesto que son más vulnerables a infecciones. El uso generalizado e incorrecto de los antibióticos es una de las causas que ha ido acelerando este proceso.
La AMR constituye un problema global de salud pública con un gran impacto tanto clínico como económico. A nivel mundial, es la responsable de al menos 700 000 muertes cada año, cifra que podría aumentar hasta los 10 millones en 2050 con un coste económico global de 100 mil millones de dólares.
En consecuencia, la OMS ha identificado 3 patógenos, todos ellos gram negativos, como de prioridad crítica:
- Acinetobacter baumanni resistente a carbapenem em
- Enterobacterales, resistentes a carbapenem y
- cefalosporinas de 3ª generación (incluye K. pneumonia, E. coli, Enterobacter spp., Serratia spp., Proteus spp., Providencia spp. y Morganella spp.)
Por ejemplo, se estima que cada año en la Unión Europea (UE), tienen lugar más de 670 000 infecciones causadas por bacterias resistentes a antibióticos y aproximadamente 33 000 personas fallecen debido a ellas. Asimismo, el costo a los sistemas de salud europeos alcanza alrededor de mil millones de euros. Este gran desafío ha llevado a la elaboración del Plan de Acción “Una sola salud” (One Health Plan) en 2017 para apoyar a los estados miembros a alcanzar soluciones innovadoras, efectivas y sostenibles.
En el caso de España, más del 50 % de las infecciones nosocomiales anuales están causadas por bacterias gram negativas y entre estos patógenos, los más frecuentes fueron: E. coli, P. aeruginosa y K. pneumoniae. En el último informe de Encuestas de Prevalencia de las Infecciones Relacionadas con la Asistencia Sanitaria (IRAS), 2019, más del 85 % de los microorganismos aislados eran sensibles a marcadores de resistencia. Entre los patógenos descritos por la OMS como de prioridad crítica, el 77,1 % de A. baumannii, el 28,3 % de P. aeruginosa y el 6,3 % de enterobacterias aisladas fueron resistentes a carbapenémicos, respectivamente. Mientras que el 26,7 % de enterobacterias fueron resistentes a cefalosporinas de tercera generación. En el caso de A. baumannii, aunque fue un microorganismo que se aisló con poca frecuencia, estos pocos aislamientos presentaron un alto porcentaje de resistencia a carbapenémicos.
Por ello, se requieren urgentemente nuevos tratamientos antimicrobianos, pues desde el 2017, solamente se han aprobado 11 nuevos antibióticos, por parte de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) en Europa y de la Administración de Medicamentos y Alimentos del Gobierno de los Estados Unidos (FDA). Esto se debe a que el descubrimiento de nuevos antibióticos es cada vez más complejo que antes, especialmente para aquellas bacterias gram negativas que causan una gran preocupación. A pesar de que este problema vaya en aumento y sea cada vez más conocido por la población, el mercado de los antibióticos está decreciendo.
En este sentido, el doctor Benito Almirante, jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Vall d’Hebron (Barcelona), considera lo siguiente al ser preguntado al respecto.
Pregunta. ¿Cuál sería su valoración del impacto de las resistencias antimicrobianas en el manejo de los pacientes con este tipo de infecciones? ¿Actual y en el futuro?
Respuesta. Las resistencias a los antibióticos de diferentes especies bacterianas constituyen, sin ninguna duda, una importante preocupación para la salud de la población. Su aparición, su diseminación entre microorganismos en el mismo paciente o a otros pacientes, su amplia distribución a nivel mundial y su repercusión sobre la eficacia terapéutica de los antimicrobianos actualmente disponibles hacen de este problema una de las grandes amenazas para la población mundial, al mismo tiempo que condiciona un reto muy relevante para los profesionales de la salud, para los gestores sanitarios, para la investigación y desarrollo de nuevas moléculas y para la puesta en marcha de mecanismos que pudieran controlar o revertir esta situación. Aún estamos a tiempo de trabajar todos los implicados en el tema en desarrollar e implementar todas las estrategias que permitan abordar con éxito actual y futuro esta problemática. Son de especial relevancia las actividades puestas en marcha por los países de la UE, trasladadas a España en el denominado Plan de Acción frente a las Resistencias Microbianas (PRAM), que permitirán su abordaje de manera integral y global.
P. ¿Cuál es la necesidad de nuevos antimicrobianos desde el punto de vista de su experiencia?
R. A pesar de que un abordaje integral del tema, en el que se incluye el desarrollo de nuevos antimicrobianos, es la solución más adecuada para actuar en este tema, es obvio que disponer ya de moléculas capaces de ser utilizadas en los pacientes con infecciones causadas por patógenos multiresistentes ayuda de manera importante a mejorar su pronóstico. Los nuevos antimicrobianos han de proporcionar una clara demostración de su actividad in vitro y de su eficacia en ensayos clínicos controlados, en los que se incluyan pacientes con este tipo de infecciones. Su aprobación por las autoridades regulatorias y su puesta a disposición a los profesionales para su utilización en terapéutica han de tener las máximas prioridades y una gran agilidad administrativa. Una vez realizado su posicionamiento terapéutico es imprescindible, para su correcto uso, que al menos durante las fases iniciales de su prescripción la misma sea validada por expertos en enfermedades infecciosas, que garantizarán en todo momento su uso adecuado, valorarán su eficacia en el mundo real más allá de los ensayos clínicos y permitirán que el nuevo antimicrobiano tenga una vida prolongada en terapéutica.
agosto 03/2021 (Diario Médico)
Referencias:
1. World Health Organization (WHO). Global Action Plan on Antimicrobial Resistance. Geneva, 2015.
2. Morgan G, Yamano Y, Tone K, et al. Antimicrobial resistance: Shionogi advocates policy change to address the public health threat. Nature Portfolio.
3. Review on Antimicrobial Resistance. Tackling drug-resistance infections globally: final report and recommendations. The review on antimicrobial resistance. May 2016.
4. World Health Organization (WHO). 2020 Antibacterial agents in clinical and preclinical development: an overview and analysis. Geneva, 2021.
5. World Health Organization (WHO). Global antimicrobial resistance surveillance system (GLASS) report: early implementation 2020. Geneva, 2020.
6. Shionogi. Antimicrobial resitance (AMR) position paper. June 2020.
7. European Centre for Disease Prevention and Control. Antimicrobial resistance in the EU/EEA (EARS-Net) – Annual Epidemiological Report 2019. Stockholm: ECDC; 2020.
8. Informe de vigilancia 2018-2019. Encuesta de prevalencia de las IRAS y uso de antimicrobianos en los hospitales de España. Unidad de Vigilancia de las Infecciones Relacionadas con la Asistencia Sanitaria. Centro Nacional de Epidemiología (CNE). Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). Madrid. España. 2021.
La adición de vinagre disminuye la respuesta alérgica a las lentejas y al huevo
Las costumbres culinarias castellanas pueden ser beneficiosas para la salud. Es el caso de la adición de vinagre a la legumbre durante su cocción, una práctica habitual en las cocinas más tradicionales que, según han comprobado científicos del Hospital Río Hortega de Valladolid, disminuye la respuesta alérgica a estos productos y también a otros como el huevo.
La doctora Alicia Armentia, de la Sección de Alergia del centro hospitalario, ha dirigido este trabajo que ha sido publicado en la revista Allergologia et Immunopathologia.
Los investigadores ya habían detectado cómo los alérgicos al huevo, quienes tampoco toleran el pollo, sí que pueden ingerir esta carne cuando se encuentra escabechada. Para examinar una posible disminución de la respuesta alérgica a estos potentes alérgenos alimentarios, como son las lentejas, el huevo y el pollo, incluyeron en un estudio a siete pacientes que habían sufrido anafilaxia como consecuencia de la ingesta de estos productos, una reacción inmunológica severa en todo el cuerpo que supone una de las complicaciones más graves en el área de las alergias.
Según ha explicado la doctora Armentia, el vinagre “altera” el pH gástrico (el grado de acidez), lo que mejora la función de la digestión y reduce el riesgo de alergia a los alimentos. “Igual que los antiácidos que tomamos rebajan el nivel de ácido y producen que la pesina, un enzima que está en el estómago, no actúe bien, alcalinizar el medio ácido del estómago es malo para la alergia digestiva porque los alérgenos pasan libremente”, asegura la experta, quien subraya que al codificarlo con vinagre “se transforma la alergenicidad”.
Aceite de soja en genéricos
El trabajo parte de otro relacionado con la adición de aceite de soja en medicamentos genéricos, en concreto en algunas marcas de omeprazol (fármaco que se emplea para tratar ciertas condiciones en las que hay demasiado ácido en el estómago), estudio en colaboración con el doctor Antonio Dueñas, jefe del Servicio de Toxicología del hospital.
“Vimos que a los alérgicos a soja el omeprazol les producía anafilaxia”, detalla Armentia, al tiempo que señala que ante esta situación se pueden hacer dos cosas. Por un lado administrar el alérgeno y bloquear el ácido del estómago que lo estropea, lo que lo hace “aún más alergénico”; y por otro “añadir un ácido” que podría disminuir la alergenicidad, un hecho que comprobaron en la prueba cutánea realizada a los sujetos bajo estudio.
Mientras que en las inmunodetecciones realizadas con extracto de lentejas con vinagre apenas se localizan proteínas alérgicas, las que no llevan vinagre cuentan con una detección de estas proteínas “grande”.
Referencia:
Rodríguez Márquez, J., Armentia Medina, A. Martín Armentia, S.: Estudio diagnóstico molecular de causas de anafilaxia durante un año en Valladolid. UVA. 2021.
Describen las bacterias que forman la microbiota de varios anisákidos
Un equipo interdisciplinario liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha realizado la primera descripción detallada de la diversidad bacteriana (microbiota) asociada a anisákidos.
Estos nematodos son parásitos que plantean un riesgo para la salud pública (especialmente el género Anisakis), al actuar como agentes infecciosos causantes de alergia y transmisores de otros patógenos que pueden provocar problemas en sus hospedadores, los peces, y también en humanos.
El estudio ha descubierto que existen al menos 1 803 especies de bacterias en el tracto digestivo de estos nematodos y algunas de ellas simbiontes; se trata de bacterias de origen ambiental marino y terrestre, así como bacterias de origen humano. La presencia de algunas de ellas se relaciona con la contaminación de los mares y la manipulación de los peces por parte del ser humano.
El trabajo, publicado en la revista Microorganism, se ha centrado en el análisis de la secuencia de ARNr de bacterias presentes internamente en larvas de dos géneros de anisákidos (Anisakis y Pseudoterranova) presentes en 111 peces capturados en la zona del Atlántico Norte. Entre las especies se encuentran pescados como el congrio, la merluza, el bacalao o el rape, de amplio consumo en España. El estudio, que incluye una descripción desde el nivel taxonómico de género hasta filo, ha podido constatar, por primera vez, que existe una diversidad bacteriana interna extraordinariamente elevada.
“El alto grado de diversidad nos llevó a la hipótesis de que las comunidades bacterianas asociadas a estos nematodos se desarrollan independientemente de lo que podrían considerarse a priori las principales variables de influencia: el pez hospedador y la especie concreta de anisákido”, apunta Alfonso Navas, investigador del CSIC en el MNCN-CSIC y coordinador del estudio. “Hemos comprobado que no existen diferencias significativas entre el tipo de bacterias que se encuentra en cada especie, pero sí las hay en las asociaciones que forman las bacterias entre sí, y esas asociaciones son indicativas de las zonas de pesca”, explica Navas.
Los científicos han descrito tres grandes grupos de bacterias: proteobacterias asociadas a temperaturas de hasta 30 °C y a aquellas que son responsables de la descomposición del pescado; bacterias presentes en casi cualquier ambiente terrestre o marino, y bacterias que se encuentran en nematodos y en la microbiota humana. El aumento de las poblaciones de anisákidos en las diversas especies de peces estudiados, así como la diversidad bacteriana que presentan los anisákidos que les parasitan, solo se explica, según los científicos, por la influencia humana a nivel planetario.
Parásitos del pescado
La distribución de especies de estos nematodos es universal y tiene múltiples hospedadores intermedios, entre ellos especies marinas de peces de consumo habitual. Los anisákidos que parasitan estos hospedadores extienden su propia batería de alérgenos por la carne del pescado y actúan como transmisores de bacterias que causan riesgos en la salud humana tras ser ingeridos o afectan a la calidad del producto. La relación entre bacterias y nematodos, además, proporciona información relevante acerca de los mecanismos de virulencia bacteriana difíciles de obtener con otros animales. Otro aspecto a destacar es que, pese al conocimiento de su potencial, poco se sabe acerca del papel que los nematodos ejercen en la propagación de enfermedades infecciosas en peces, sobre todo dada la naturaleza cosmopolita de anisákidos y bacterias.
Además de investigadores del MNCN-CSIC, en el estudio han participado científicos del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC) junto a otras instituciones españolas.
Referencia:
Arcos SC, Lira F, Robertson L, González MR, Carballeda-Sangiao N, Sánchez-Alonso I, Zamorano L, Careche M, Jiménez-Ruíz Y, Ramos R, Llorens C, González-Muñoz M, Oliver A, Martínez JL, Navas A. Metagenomics Analysis Reveals an Extraordinary Inner Bacterial Diversity in Anisakids (Nematoda: Anisakidae) L3 Larvae. Microorganisms. 2021; 9(5):1088. https://doi.org/10.3390/microorganisms9051088
Morir o no morir como respuesta al estrés celular, una decisión regulada por la proteína MK2
Los organismos vivos a menudo están expuestos a estímulos de estrés, ya sean generados por factores externos o internos, y necesitan responder en consecuencia. A nivel celular, el estrés suele desencadenar la activación de unas vías de supervivencia que contribuyen a la recuperación de la homeostasis celular. Sin embargo, cuando el estrés es demasiado alto, se inicia un proceso de muerte celular por el que se elimina la célula dañada.
Científicos liderados por el investigador de la Institución Catalana de Estudios Avanzados (ICREA) Dr. Ángel Nebreda, jefe del laboratorio de Señalización y Ciclo Celular del IRB Barcelona, han identificado una importante función para la vía p38-MK2 en la determinación del destino celular como respuesta al estrés. El estudio se encuentra publicado en Molecular Cell Biology.
«En nuestro estudio se describe un mecanismo molecular que las células pueden utilizar para traducir la activación inducida por el estrés de la vía p38a-MK2 en una respuesta biológica adecuada», afirma el Dr. Nebreda.
Cuando las células están expuestas a altos niveles de estrés, la vía p38-MK2 se activa de manera sostenida, fomentando la degradación de la proteína MK2, que se correlaciona con la muerte celular. Sin embargo, los niveles de estrés moderados solo desencadenan una activación temporal de la vía p38-MK2, que permite la reacumulación de MK2 y lleva a la supervivencia celular. Por lo tanto, los niveles de la proteína MK2 actúan como un indicador molecular que informa a las células de si deben mantenerse vivas o iniciar un proceso de autodestrucción.
«Mediante el uso de líneas celulares humanas y de ratón tratadas con diferentes estímulos de estrés, demostramos que los niveles de expresión de MK2 están regulados por la intensidad del estrés, y que son críticos para la viabilidad de las células estresadas», explica la Dra. Núria Gutiérrez-Prat, que inició el trabajo y es la primera coautora del artículo, junto con la Dra. Mónica Cubillos-Rojas y la Dra. Begoña Cánovas.
p38, una proteína relacionada con el estrés y el cáncer
p38 es una proteína central que regula muchos procesos celulares, modulando la actividad de otras proteínas. En enfermedades como el cáncer, se presentan alteraciones en la vía p38, y los altos niveles de actividad de p38 a veces se relacionan con un mal pronóstico (por ejemplo, en los tumores pulmonares). Así mismo, una desregulación de la vía p38-MK2 se ha relacionado con varias enfermedades en humanos, como los trastornos inflamatorios y el cáncer.
En otros estudios se investigará si la regulación de la vía p38-MK2 en respuesta a un estrés fuerte o sostenido puede funcionar como un sensor común de daño irreversible entre los tipos de células. Los investigadores también estudiarán la posible relevancia de estos mecanismos de respuesta al estrés en la causa de las enfermedades y si la respuesta al estrés difiere en situaciones patológicas.
Referencia:
Canovas, B., Nebreda, A.R. Diversity and versatility of p38 kinase signalling in health and disease. Nat Rev Mol Cell Biol 22, 346–366 (2021). https://doi.org/10.1038/s41580-020-00322-w
Científico suizo dice que teoría de fuga de laboratorio chino es de naturaleza política
La acusación de que el virus que causa la COVID-19 se filtró de un laboratorio en la ciudad central china de Wuhan es de naturaleza política, dijo Didier Pittet, un destacado experto en enfermedades infecciosas en los Hospitales Universitarios de Ginebra.
No existe ninguna evidencia de que el coronavirus se fugó del laboratorio de Wuhan, dijo Pittet, también inventor del desinfectante de manos, a la agencia de noticias rusa Sputnik en una entrevista publicada el sábado.
La gente suele olvidar que el escape de la primera bacteria destructiva de un laboratorio ocurrió en Estados Unidos, indicó.
agosto 02/2021 (Xinhua) – Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.
Un trastorno poco frecuente ofrece una hoja de ruta para comprender las raíces de las enfermedades inflamatorias
Investigadores de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, han descubierto la causa genética subyacente de un raro trastorno infantil que imita la enfermedad inflamatoria intestinal, un hallazgo que podría ayudar a los investigadores a descubrir las raíces de una serie de otros trastornos inflamatorios y autoinmunes.
Para el estudio, un equipo de investigadores investigó el misterioso caso de un niño que fue tratado en el Hospital Yale New Haven por dolor abdominal, ataques intermitentes de fiebre y diarrea durante varios días, y aftas en la boca.
Mediante la secuenciación del genoma del niño y de sus padres sanos, revelaron que el niño tenía un defecto genético que bloqueaba el ELF4, un factor de transcripción del cromosoma X que regula la expresión de un gran número de otros genes.
Después, tras ponerse en contacto con colegas del campo de las enfermedades raras, el equipo de investigación identificó a otros dos niños varones con síntomas similares que también tenían variantes del gen ELF4. Este trastorno se denomina ahora Deficiencia en ELF4, ligada al cromosoma X (DEX). Y cada vez se identifican más casos.
«Es muy emocionante empezar con pacientes que están enfermos y descubrir un nuevo gen inesperado con un papel fundamental en la regulación de la inflamación», reconoce Carrie Lucas, profesora adjunta de inmunobiología en la Facultad de Medicina de Yale y autora principal del artículo publicado en la revista Nature Immunology. El estudio fue dirigido por Paul Tyler, Molly Bucklin y Mengting Zhao, todos ellos miembros del laboratorio de Lucas.
Las enfermedades inflamatorias causadas por una única mutación genética afectan a uno de cada 5 000 niños. Según los investigadores, los síntomas experimentados por los niños del estudio eran similares a los asociados a otras enfermedades inflamatorias del intestino, como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, que se cree que están causadas por una respuesta hiperactiva del sistema inmunitario que daña los tejidos del huésped.
Tras identificar la variante de ELF4, el laboratorio de Lucas estudió sus efectos en células cultivadas de pacientes, así como en ratones utilizando la edición genética CRISPR para introducir mutaciones de ELF4 derivadas de pacientes. Confirmaron que la variante alteraba la función de ELF4 y provocaba un aumento de las respuestas inflamatorias de diversos tipos de células inmunitarias.
Los efectos generalizados de la variante sugieren que ELF4 y sus genes diana probablemente desempeñan un papel en la regulación de la inflamación en múltiples enfermedades, señala Lucas.
«Esto nos da la oportunidad de identificar y estudiar los efectos no solo de ELF4 sino también de los genes que regula en todos los tipos de células inmunitarias y fenotipos de enfermedades inflamatorias –añade–. Esto nos ayudará a crear una nueva hoja de ruta molecular relevante para entender y tratar las enfermedades humanas».
agosto 02/2021 (Europa Press) – Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.
Demuestran que se pueden identificar los rasgos genéticos que predisponen a sufrir una enfermedad mental grave
Las enfermedades mentales graves, como por ejemplo la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el trastorno del espectro autista, son enfermedades complejas causadas por la interacción entre múltiples factores genéticos y ambientales. Estos trastornos presentan una elevada heredabilidad, un hecho que es observable en determinadas familias en las que se acumulan varios casos. Además, el riesgo de desarrollar alguno de estos trastornos es más elevado cuanto más próximo es el parentesco con un individuo afecto.
Recientemente, el equipo de investigadores de la Universidad de las Illes Balears dirigido por el doctor Cristòfol Vives-Bauzà ha publicado dos artículos en las revistas científicas Frontiers in Genetics y Scientific Reports en los cuales describen la arquitectura genómica asociada a las enfermedades mentales graves en dos familias de Mallorca y de Andalucía con una elevada prevalencia de esquizofrenia y trastorno bipolar entre sus miembros.
Estos trabajos se han hecho utilizando las nuevas tecnologías genómicas de genotipado completo del genoma por arrays de polimorfismos y secuenciación masiva, seguidas de diferentes avances técnicos de análisis.
La aportación de los investigadores de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), supone un cambio de paradigma respecto a la visión clásica de la genética de enfermedades mentales; centrada en la visión de que las enfermedades mentales eran enfermedades comunes debidas a la acumulación de variabilidad genética común, han demostrado que, en familias, siguiendo estrategias de abordaje del genoma completo, se pueden identificar los rasgos genéticos que predisponen a sufrir una enfermedad mental grave.
Los resultados indican que las personas afectadas por estos desórdenes heredan arquitecturas genómicas, que son el resultado de la interacción de varias variantes genéticas raras, que aportan mucho riesgo, con muchas variantes genéticas comunes, de bajo riesgo.
Por un lado, los investigadores han conseguido identificar una mutación del gen MACF1 que, combinada con duplicaciones raras de los genes CNTN6 y CDH13, podría ser la responsable del desarrollo de la esquizofrenia en los individuos de una misma familia que comparten estas alteraciones.
Por otro lado, los investigadores también han identificado el locus 9q33.1-33.2 como la región del genoma donde se encontrarían hasta cinco genes relacionados con el desarrollo de enfermedades mentales graves en numerosos miembros de la otra familia estudiada.
En definitiva, estos resultados confirman la importancia de tener en cuenta la herencia genética a la hora de abordar el estudio de las enfermedades mentales graves.
El artículo publicado en la revista Frontiers in Genetics ha contado con la participación de investigadores del Departamento de Biología y del Instituto Universitario de Investigaciones en Ciencias de la Salud (IUNICS) de la Universidad de las Illes Balears, el Instituto de Investigación Sanitaria de las Islas Baleares (IdISBa), el Hospital Universitario Son Espases, la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich (Alemania) y el Centro Helmholtz de Múnich (Alemania).
El artículo publicado en Scientific Reports ha contado con la participación de investigadores del Departamento de Biología y del Instituto Universitario de Investigaciones en Ciencias de la Salud (IUNICS) de la Universidad de las Illes Balears, el Instituto de Investigación Sanitaria de las Islas Baleares (IdISBa), el Hospital Universitario Son Espases, la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz (Alemania), el Centro Helmholtz de Múnich (Alemania) y la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich (Alemania).
agosto 01/2021 (Dicyt)
Las bacterias se expanden igual de rápido que el coronavirus
Los virus y las bacterias comparten la particularidad de ser microorganismos que producen infecciones, con la diferencia de que los primeros no están vivos y solo se pueden multiplicar dentro de una célula infectada, y los segundos sí y son capaces de duplicarse. «Cuando tenemos una bacteria que desarrolla resistencias, en cuestión de unas diez horas podemos tener más de un millón».
Así se explica en el didáctico libro Antibióticos vs Bacterias. (editorial Larousse), escrito por los farmacéuticos Raquel Carnero Gómez y Luis Marcos Nogales y con ilustraciones del humorista gráfico Íñigo Ansola.
Carnero explica a este medio que «en el futuro vamos a hablar mucho más de bacterias que de coronavirus. Ya hemos visto lo que pasa cuando un virus se expande. Las bacterias se expanden igual de rápido que el coronavirus por los viajes… Están en todos los países. Hay resistencia de antibióticos en todos los países del mundo». Y España no es ajena a ello. De hecho, una de cada 10 muertes por resistencia a antibióticos en Europa se produce en nuestro país.
«Es un dato muy preocupante. En Estados Unidos ya hay más de 35 000 muertes anuales por resistencia a antibióticos, una cifra considerable teniendo en cuenta que todos somos candidatos», apunta.
De hecho, el autor del prólogo de este libro, Víctor Jiménez Cid, catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), asegura que «parece que el coronavirus ha borrado del mapa otra emergencia sanitaria del siglo XXI, pero no es así». Y recuerda que son precisamente los pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos (UCI) quienes son «carne de cañón para las superbacterias».
«Cuando tenemos una bacteria que desarrolla resistencias, en diez horas podemos tener más de un millón»
La autora argumenta que, si bien no es un tema nuevo, la opinión pública está mucho más abierta a entender este tipo de problemas de salud global. «Estamos en un momento crítico y hay que transmitir un poco esa urgencia. Probablemente a partir de ahora tendremos que cambiar muchas de las prácticas que teníamos, como presionar al médico para que prescribiera, que ya hemos visto que hay que abandonar», sostiene.
Aun así, subraya cómo hay que atajarla sobre prescripción de antibióticos, que también ha ocurrido durante la pandemia, como evidencia un estudio reciente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que aseguraba que un tercio de pacientes con COVID-19 recibió antibióticos sin justificación clínica.
De hecho, el libro menciona cómo en los primeros meses de la pandemia se recomendaba azitromicina para los casos menos graves, cuando en enero de 2021 ya hay evidencia de que no se debe incluir en los protocolos para tratar la COVID: «Este sobre consumo de azitromicina hará que el uso de este antibiótico de la familia de los macrólidos se vea comprometido seguramente en el futuro. Pero puede que no solo de los macrólidos…».
En el día a día, destaca que «muchas veces no se acaban los tratamientos, no se cumple la pauta, o se recomiendan los antibióticos de un paciente a otro. Hay quienes creen que todo debe tratarse con antibióticos en cuanto hay fiebre…. Se ha presionado mucho al farmacéutico para que los dispense sin receta, que esto ya no ocurre, pero sigue siendo un tema muy complicado detrás del mostrador».
«Una de cada 10 muertes por resistencia a antibióticos en Europa se produce en España»
La autora señala que «hay mucho helicobacter pylori resistente a la eritromicina, ya muy difícil de erradicar. También la gonorrea. Ahora hay un repunte de enfermedades de transmisión sexual y hay una gonorrea muy crítica resistente a cefalosporina y fluoroquinolonas».
Por ello, el libro incluye un listado de las bacterias más buscadas, para las que se necesitan urgentemente nuevos antibióticos. «La OMS publica todos los años un listado con las bacterias que suponen una amenaza para la salud global. La última es del 2017. Esa lista se va actualizando y ahí están las que necesitan urgentemente nuevos antibióticos, con tres niveles de prioridad: crítica o prioridad 1 (hay tres), elevada o prioridad 2 (hay seis) y media o prioridad tres (hay tres). Son muy ubicuas, están en muchísimos hospitales y son conocidas en casi todos».
Prioridad 1: CRÍTICA
-Acinetobacter baumannii, resistente a los carbapenémicos
-Pseudomonas aeruginosa, resistente a los carbapenémicos
-Enterobacteriaceae, resistentes a los carbapenémicos, productoras de ESBL
Prioridad 2: ELEVADA
-Enterococcus faecium, resistente a la vancomicina
-Staphylococcus aureus, resistente a la meticilina, con sensibilidad intermedia y resistencia a la vancomicina
-Helicobacter pylori, resistente a la claritromicina
-Campylobacter spp., resistente a las fluoroquinolonas
-Salmonellae, resistentes a las fluoroquinolonas
-Neisseria gonorrhoeae, resistente a la cefalosporina, resistente a las fluoroquinolonas
Prioridad 3: MEDIA
-Streptococcus pneumoniae, sin sensibilidad a la penicilina
-Haemophilus influenzae, resistente a la ampicilina
-Shigella spp., resistente a las fluoroquinolonas
Carero asegura que parte del problema es el poco interés de la industria farmacéutica: «Estamos en un momento de mucha sequía. En los últimos ha ido abandonando las áreas de investigación en antibióticos porque no eran atractivos económicamente. El retorno que obtenían de la inversión era pequeño. Había pocos pacientes a los que tratar frente a otras enfermedades más prevalentes, cono el colesterol, hipertensión, depresión… Estos antibióticos necesitan de un incentivo por parte de las autoridades regulatorias y los gobiernos. La FDA, en 2019, aprobó un antibiótico de un nuevo grupo, pero hacía muchísimos años que no había habido ninguno».
Un tercio de pacientes con COVID-19 recibió antibióticos sin justificación clínica
Búsqueda de antídotos en el entorno natural
Por ello, en el libro también hablan de la existencia de muchos programas para impulsar el estudio de nuevos antibióticos. Uno de ellos es Micromundo, donde participan muchas universidades de España y también centros de educación secundario. «Es un proyecto global, mundial, de búsqueda de nuevos antibióticos en el suelo. Es decir, bacterias que estén en el medio ambiente y pueden ser unas aliadas contra las bacterias patógenas, porque producen antibióticos. Nuestros aliados están en el propio entorno. Víctor Jiménez Cid, catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), es el director que coordina el proyecto en España y quien nos ha escrito el prólogo del libro».
Sobre la búsqueda de aliados en el entorno para luchar contra las bacterias, el libro se refiere al ecosistema marino, donde habitan los bacteriófagos «unos virus que infectan solo bacterias. A lo mejor en los bacteriófagos encontramos los buenos aliados para la lucha contra bacterias resistentes a los antibióticos».
Esta sería una de las claves para hacer frente a las denominadas superbacterias. «El término se acuñó hace unos años y se refiere a bacterias que tienen mecanismos de defensa frente a muchos antibióticos. Según vamos avanzando con antibióticos (de primera, segunda, tercera línea…) es mucho mayor para el sistema el coste de tratar a ese paciente y el riesgo de reacciones adversas, complicaciones, más tiempo de hospitalización… Si estamos viendo que ya hay bacterias a las que no podemos hacer frente y no hay nuevos antibióticos, estamos en un momento muy crítico».
Raquel Carnero Gómez y Luis Marcos Nogales, licenciados en Farmacia por la Universidad de Salamanca, parecen tener una bola de cristal. Tras el éxito cosechado con su anterior libro pre pandémico, Vacunando. ¡Dos siglos y sumando!, que sigue protagonizando exposiciones itinerantes, abordan ahora la problemática de los antibióticos y toda su historia, sin desligarlo de la pandemia actual y de otras anteriores, en Antibióticos vs. Bacterias. De la resistencia al contraataque.
El libro toca todos los aspectos de los antibióticos en el marco del concepto de One Health, como explica Carnero:
«Hablamos de la microbiota, porque hay que tener en cuenta el entorno en el que vivimos, con el concepto de One Health: cómo los antibióticos afectan a nuestra microbiota, cómo nosotros afectando al medio ambiente, el medio ambiente a la agricultura, esta a la ganadería… Hablamos también de pandemias, como la peste, que se podían haber evitado si hubiéramos tenido antibióticos; hablamos de historia, de cómo se llegaron a descubrir los antibióticos en la era moderna…».
El libro no se olvida tampoco de las mujeres que han formado parte de la historia del descubrimiento de los antibióticos, muchas de ellas desconocidas. «Rendimos tributo a estas mujeres que han estado en la sombra», apunta. Aparte del pasado, el libro profundiza en los retos del futuro, de cómo se va a encarar este problema, incentivando a la industria. «Hablamos de cómo hay que usar bien el arsenal que tenemos ahora; es decir, cómo usar los antibióticos según el sistema de Access, Watch, Research de la OMS: listado de los que se utilizan en primera línea y los que deberíamos guardar o reservar como último recurso. Explicamos qué te puede pasar cuando tienes un antibiograma en el que ya todo es no sensible al antibiótico; es decir, qué pasa con esos pacientes que ya han llegado a tener infecciones mutirresistentes. Por ejemplo, con la tuberculosis».
La pandemia puede agravar la desnutrición materna e infantil
Millones de niños y niñas podrían caer en una espiral de malnutrición como consecuencia de todo lo que ha supuesto la COVID-19, según prevé un estudio publicado en Nature Food. Sus datos revelan también cómo cada vez más personas se acuestan con hambre, lo que empeora el impacto de la epidemia y prolonga la recuperación.
Las familias de todo el mundo son cada vez menos capaces de acceder y permitirse una dieta nutritiva adecuada debido a la pérdida de ingresos, al aumento de los precios y la interrupción de los sistemas de alimentación y atención sanitaria por la pandemia.
De hecho, en muchos países de ingresos bajos y medios, se prevé un gran aumento de la malnutrición materna e infantil. Además de los 3 000 millones estimados por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), otros 141 millones de personas no podrían permitirse una dieta saludable debido a la COVID-19.
Así apunta una nueva investigación, publicada esta semana en la revista Nature Food y liderada por investigadores del consorcio Standing Together for Nutrition (ST4N), que predice que esta difícil situación podría empeorar si no se toman medidas urgentes. Los expertos esperan que la proporción de población que no puede permitirse ni siquiera la mitad del coste de una dieta saludable en los 63 países modelados haya aumentado del 43 al 50 %.
Se avecina una crisis nutricional sin precedentes. Si no se toman medidas inmediatas, en 2022 habrá 283 000 muertes adicionales relacionadas con la malnutrición en niños y niñas, lo que equivale a 225 pequeños más que mueren al día, explica Saskia Osendarp, primera autora.
“Nuestro informe modeliza los posibles impactos de la COVID-19 con el fin de orientar a los responsables para que tomen medidas basadas en evidencias sobre cómo mitigar los daños que probablemente tendrá esta enfermedad”, explica a SINC Saskia Osendarp, primera autora del artículo.
“Las conclusiones muestran claramente que se avecina una crisis nutricional sin precedentes, más aún con la aceleración de la pandemia en muchos países de ingresos bajos y medios. Si no se toman medidas inmediatas, en 2022 habrá 283 000 muertes adicionales relacionadas con la malnutrición en niños y niñas, lo que equivale a 225 pequeños más que mueren al día”, añade.
Es más, entre los que sobreviven, otros 13,6 millones de niños y niñas corren el riesgo de sufrir desnutrición aguda y 3,6 millones más podrían sufrir retraso en el crecimiento en 2022. “Esto tendrá un impacto duradero en sus vidas, sus familias y sus países. Y, como en cualquier crisis, las mujeres y los más pequeños se ven afectados de forma desproporcionada. El futuro de toda una generación está en peligro”, alerta Osendarp.
Tres escenarios posibles, pero todos negativos
Los investigadores utilizaron herramientas de modelización para proyectar el impacto que la pandemia podría tener en la nutrición materno-infantil en los países menos enriquecidos entre 2020 y 2022 en tres contextos posibles: optimista, moderado y pesimista.
Considerando un escenario moderado para 2022, las alteraciones causadas por la COVID-19 podrían ser la causa de que 9,3 millones de niños adicionales (optimista=6,4 millones; pesimista=13,6 millones) tengan bajo peso para su altura, y 2,6 millones de niños (optimista=1,5 millones; pesimista 3,6 millones) baja altura para su edad.
Considerando un escenario moderado para 2022, la pandemia podrían ser la causa de que 9,3 millones de niños más tengan bajo peso para su altura, y 2,6 millones de niños más baja altura para su edad.
Este escenario también prevé 168 000 muertes infantiles adicionales (optimista=47.000; pesimista=283.000), 2,1 millones de casos de anemia materna (optimista=1 millón; pesimista=4,8 millones) y 2,1 millones de niños nacidos de madres con un índice de masa corporal bajo (optimista=1,4 millones; pesimista=3 millones).
Igualmente, las pérdidas de productividad futuras derivadas del aumento del retraso en el crecimiento, la emaciación y la mortalidad infantil podrían costar 29 700 millones de dólares (pesimista=44.300 millones de dólares). Y para mitigar estos efectos, calculan que se necesitarán 1 200 millones de dólares adicionales al año (pesimista=1 700 millones de dólares) en asignaciones presupuestarias en nutrición.
Eso sí, para los autores es posible que las repercusiones en la nutrición se ajusten más al escenario pesimista, dada la rápida propagación de nuevas variantes agresivas del SARS-CoV-2: “Los gobiernos y los donantes deberían dar prioridad a las intervenciones nutricionales como parte de la respuesta global a la COVID-19”.
La nutrición, clave en la respuesta mundial a la pandemia
No es la primera vez que estos especialistas alertan del peligro. El pasado año publicaron un estudio en The Lancet que ya ponía en el mapa estas dramáticas cifras, aunque ahora la previsión es mucho peor.
“El impacto inmediato de la pandemia en la vida de los más pequeños ha hecho retroceder el reloj de la nutrición al menos diez años”, valora Lawrence Haddad, coorganizador de ST4N. “Pero también les amenaza con menos probabilidades de sobrevivir a la siguiente enfermedad, de obtener buenos resultados en la escuela y con más riesgo de vivir en la pobreza cuando sean adultos”.
Según los autores, las proyecciones de gasto sugieren que la ayuda oficial al desarrollo para los sectores relacionados con la nutrición no volverá a los niveles de 2019 hasta 2030 como muy pronto. E incluso entonces, no será suficiente.
“La recesión económica generalizada ha hecho que los más pobres sean aún más pobres y que el número de personas que luchan por acceder a alimentos nutritivos aumente cada día. Esto es absolutamente evitable, tenemos herramientas y soluciones. Necesitamos inversiones y acciones audaces. Es hora de que la acción nutricional forme parte de todas las respuestas frente a la COVID-19”, continúa Haddad.
“Asegurar una buena nutrición para todos –especialmente para niños, adolescentes y madres embarazadas y lactantes– es crucial para salvar vidas y asegurar la salud y el desarrollo futuro de familias y naciones. Acertar con la nutrición hoy determinará si las consecuencias de la pandemia se sufrirán durante meses, años o décadas”, concluye Saskia de Pee, del Programa Mundial de Alimentos de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
La COVID-19 ataca más a los pacientes con malnutrición
De la misma forma que la pandemia empeorará la situación de la población más desfavorecida, las personas con COVID-19 con antecedentes de desnutrición pueden tener una mayor probabilidad de morir y de necesitar ventilación mecánica, según un estudio publicado en Scientific Reports.
Utilizando los registros médicos de 8 604 niños y 94 495 adultos que fueron hospitalizados con COVID-19 en Estados Unidos entre marzo y junio de 2020, los autores observaron cómo aquellos pacientes con un diagnóstico previo de malnutrición tenían mayores probabilidades de padecer la enfermedad de forma grave.
Según los autores, las intervenciones de salud pública dirigidas a las personas con mayor riesgo de desnutrición pueden mitigar la mayor probabilidad de covid-19 severa en este grupo.
Referencia:
Osendarp, S., Akuoku, J.K., Black, R.E. et al. The COVID-19 crisis will exacerbate maternal and child undernutrition and child mortality in low- and middle-income countries. Nat Food 2, 476–484 (2021). https://doi.org/10.1038/s43016-021-00319-4
Un tercio de pacientes con COVID-19 recibió antibióticos sin justificación clínica
Una nueva investigación de cohorte retrospectiva basada en datos del Registro SEMI-COVID-19 de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), ha analizado el uso de antibióticos en pacientes españoles hospitalizados por covid-19 y ha constatado que el tratamiento con este tipo de fármacos ha sido generalizado.
“La mayoría de pacientes con COVID-19 recibieron antibióticos, aunque las coinfecciones bacterianas son raras”, apuntan los autores del estudio, indicando que, según la literatura científica, representan solamente entre un 8,5 y 12 % de casos.
Los resultados de la investigación acaban de ser publicados en un artículo que firman 25 médicos internistas españoles en PLOS ONE bajo el título “Inappropriate antibiotic use in the COVID-19 era: Factors associated with inappropriate prescribing and secondary complications. Analysis of the registry SEMI-COVID”, y que analiza los factores de riesgo de prescripción inadecuada de antibióticos en estos pacientes y describe las posibles complicaciones derivadas de su mal uso.
De los 13 932 pacientes analizados en el presente estudio e incluidos en el Registro, 3 047 (22 %) no recibieron antibióticos, 6 116 (44 %) recibieron una prescripción adecuada de antibióticos y 4 769 (34 %) recibieron antibiótico, terapia de forma inadecuada. Para este estudio en particular, los pacientes que recibieron antibióticos se dividieron en dos grupos según la prescripción adecuada o inapropiada, dependiendo de si el paciente cumplía con algún criterio de uso o no.
Prescripción según tipo de antibióticos
Se utilizaron antibióticos sistémicos distintos de los macrólidos en 10 885 pacientes. Los antibióticos prescritos con mayor frecuencia fueron los betalactámicos (72,2 %), las quinolonas (13,4 %), linezolid (2,2 %), glicopéptidos (1,6 %), cotrimoxazol (0,6 %) y tetraciclinas (0,6 %). El resto de los antibióticos representaron menos del 0,3 %.
Del total de pacientes, el 52,4 % (7.294) cumplía al menos un criterio para el uso de antibióticos. Los criterios más comunes fueron infiltrados alveolar unilateral (17,5 %), tos con expectoración purulenta (15,5%), PCR negativa de SARS-CoV-2 (11,9 %), coinfección y/o superinfección bacteriana respiratoria (10,9 %) o sepsis (6,2 %), entre otros.
Por otro lado, de un total de 1 078 pacientes críticos que ingresaron en unidades de UCI, no recibieron prescripción de antibióticos 29 pacientes (2,7 %), mientras que se prescribieron adecuadamente en 833 pacientes (77,3 %) y de forma inadecuada en 216 pacientes (20,0 %).
Asimismo, la aparición de complicaciones potencialmente resultantes de la prescripción farmacológica fue más frecuente en pacientes con antibióticos (19,6 % vs. 10,5 %). La presencia de complicaciones fue similar en pacientes con prescripciones adecuadas e inapropiadas de antibióticos. Aunque, en relación con ello, acabe resaltar como conclusión relevante que los pacientes con antibiótico terapia inadecuada también están expuestos a las complicaciones, pese a no obtener beneficio alguno del tratamiento.
Entre los hallazgos relevantes, los investigadores también encontraron un cambio en el uso de antibióticos a medida que avanzaba la pandemia y la investigación científica.
Si en la primera fase de la crisis sanitaria -entre febrero y marzo de 2020- se utilizaron antibióticos en el 79,5 % de los casos, el porcentaje bajó al 71,3 % en los ingresos posteriores (después de marzo). Un hecho que supone una «diferencia estadísticamente significativa». Una de los objetivos primarios del trabajo fue describir en qué pacientes la antibiótico terapia se podía haber prescrito de forma inadecuada, con la intención de optimizar (o suspender) dicha prescripción.
Por último los investigadores resaltan que “es esencial integrar los programas de optimización del uso de antibióticos en pacientes con SARS-CoV-2” y que resulta crucial “definir criterios de uso para identificar a los pacientes COVID-19 que requieren de prescripción antibiótica”.
Describen un mecanismo que coordina dos procesos clave para el aprendizaje y la memoria
Un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descrito un mecanismo molecular que coordina la síntesis de proteínas y la remodelación del citoesqueleto de actina, procesos claves para la plasticidad sináptica, que es esencial para el aprendizaje y la memoria.
Los resultados de este trabajo, publicado en la revista Science Signaling, proponen la fosforilación del factor de elongación como un mecanismo que coordina la traducción y la dinámica de la actina durante la remodelación de las espinas dendríticas, que median la mayoría de eventos de transmisión sináptica en el cerebro de los mamíferos.
“Nos propusimos comprender la relevancia fisiológica de la fosforilación del factor eEF1A2, una proteína clave para la síntesis de proteínas, en la plasticidad sináptica”, explica Carmen Gallego, investigadora del CSIC en el Instituto de Biología Molecular de Barcelona (IBMB-CSIC). La fosforilación de proteínas es un mecanismo utilizado por los sistemas biológicos para alterar la estructura de las proteínas y, por tanto, su función.
“En las neuronas del hipocampo de ratón observamos que la fosforilación inducida por receptores de glutamato del factor de elongación eEF1A2 produce la disociación tanto de su activador -inhibiendo transitoriamente la síntesis de proteínas- como de la actina -facilitando la movilidad de la actina y la remodelación estructural-”, apunta Gallego. “Creemos que la fosforilación de eEF1A2 tiene un papel fundamental en la regulación de la traducción en la plasticidad estructural que tiene lugar en las espinas dendríticas”, añade.
Las alteraciones en los mecanismos de la plasticidad sináptica son responsables de múltiples enfermedades neurológicas, como el autismo o la enfermedad de Alzheimer. “Este estudio nos ayuda a entender mejor cómo funcionan nuestras neuronas y cómo se produce el proceso de plasticidad sináptica. Además, nos proporciona nuevos conocimientos sobre los mecanismos moleculares que subyacen a la formación de los circuitos neuronales”, apunta la científica.
Los resultados, que son fruto de la aplicación de técnicas de ingeniería genética, fosfoproteómica y microscopía confocal, pueden revelar, según los investigadores, nuevos objetivos y vías de intervención terapéutica en diferentes trastornos neurológicos.
Un estudio apunta una posible relación entre alergias y trastornos de conducta en niños
Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, relaciona una mayor manifestación de trastornos de conducta en niños con el hecho de padecer alergias.
En la investigación han participado 366 familias, con niños de 6 y 11 años, de los que 194 presentaban alergias. Entrando en detalle, se informó de alergias a elementos ambientales, como polen, moho, polvo o mascotas; 38 niños indicaron alergias alimentarias, y solo cinco mostraron alergia a compuestos farmacológicos.
«Todos los pacientes del grupo alérgico fueron diagnosticados con asma y 123 niños tenían dermatitis atópica», reza la investigación, que ha sido publicada en Allergologia et immunopathologia, de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica.
Y es que, como relata a esta medio Mª Pilar Berzosa Grande, psicóloga y profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de UNIR, investigadora principal del estudio, entre los criterios de inclusión de la muestra estaban que «los niños alérgicos tuvieran un diagnóstico certero de dermatitis atópica o asma, que fuera de carácter leve o moderado, que tuvieran supervisión médica y la enfermedad controlada«. Y es que como explica, «las formas más graves de estas enfermedades y no tenerlas controladas ya de por sí conlleva manifestaciones conductuales», por lo que quedaron descartadas.
El estudio ha mostrado que estos menores, comparados con el grupo de control (172 participantes), son más propensos a manifestar comportamientos impulsivos, pensamientos rumiantes, dificultad para conciliar el sueño o rabietas, entre otras alteraciones. En concreto, «tienen 2,76 veces más probabilidades de tener problemas de conducta que los niños sin alergias».
Asimismo, los autores apuntan que si bien hubo una relación entre el grado de asma (leve o moderado) y los problemas de comportamiento generalizados e internalizantes, «estas relaciones desaparecen al compararlas con el número de alergias. Esta situación puede deberse a la dispersión de los datos y puede ser necesario un tamaño de muestra mayor».
Berzosa afirma que no se registraron diferencias significativas entre los niños y las niñas, pero sí con el grupo control, como se ha especificado antes. Según su experiencia, «en Psicología es muy complicado realizar una investigación con un grupo control porque es muy difícil que las familias, cuyos hijos no tienen el problema en sí mismo, se impliquen. De hecho, en este trabajo hemos visto que de los cuestionarios que realizamos a todos los padres estaban mucho más detallados los de los niños alérgicos que los de los niños sanos».
Respecto a la edad, observaron más prevalencia en los pequeños de entre 8 y 9 años. Sobre la franja de edad escogida, la autora principal argumenta que se eligió el tramo entre los 6 y los 11 años, porque desde el punto de vista conductual «es el más estable«, dice Berzosa, ya que por encima de los 11 las alteraciones de la conducta se podrían asociar a la adolescencia, y de 0 a 6 años, al propio crecimiento del bebé.
Los firmantes dejan claro cuáles son las limitaciones del trabajo realizado. Así, consideran que «sería conveniente realizar un estudio longitudinal para incrementar la validez interna de los resultados». Y añaden: «A pesar de los esfuerzos para reclutar sujetos en diferentes grupos, fallamos en el grupo de control, en el que el número de participantes fue menor de lo esperado en los cálculos del tamaño de la muestra».
Muy sensibles emocionalmente
Como conclusión, los autores abogan por «que los médicos presten más atención a los posibles síntomas relacionados con la salud mental o problemas de comportamiento, especialmente en niños con múltiples enfermedades alérgicas o comorbilidades, debido a la importancia del desarrollo físico y mental adecuado de los niños y su transición a la edad adulta».
Y para ayudarles en esta labor, el propósito de esta investigación es desarrollar una guía con recomendaciones para padres, pediatras y médicos de familia sobre cómo afrontar la atención psicológica a estos menores. “Esta guía se orienta a la prevención de estos trastornos a través de una serie de estrategias para atajar el problema en la infancia y que los menores no desarrollen estos problemas durante la adolescencia”, indica Berzosa, quien afirma que su contenido puede resultar muy útil también para los farmacéuticos comunitarios, «que realizan una gran labor de asesoramiento». Por ello no descarta la posibilidad de que ellos también puedan recibirla cuando se publique, que podría ser el próximo mes de octubre, según las previsiones de su autora.
De momento, están trabajando en la definición de objetivos y todavía no se sabe cuál será el índice de temas ni su canal de distribución. Lo que sí tiene claro Berzosa es que no será un documento muy denso en contenidos, sino que será «muy ágil y sencillo». Además, le gustaría que tuviera un formato físico y no solo on line.
Aumento de alergias infantiles
Según la investigadora, “esta problemática se ha visto agravada por el aumento de las alergias infantiles, y las previsiones son que todavía se incremente aún más debido a factores como la contaminación”.
En la investigación participan, además, Eduardo González Fraile y María Soria Oliver, de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR); Santiago Rueda Esteban, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, y Rocío Sánchez-López, del Centro Psicológico Intelecto (Jerez de la Frontera).
Descubren un nuevo mecanismo en la formación de neuronas sensoriales
Un equipo de investigación español ha observado que un tipo de neurona sensorial, que recibe información del ambiente, se desarrolla de forma distinta. El trabajo, que se ha realizado en un modelo animal simple, el nematodo Caenorhabditis elegans, ayuda a comprender mejor cómo se genera la diversidad neuronal en el cerebro humano.
Un grupo de investigación del Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha publicado en la revista PLOS Biology, un estudio que describe cómo se desarrolla un tipo de neurona sensorial que recibe información del ambiente, comprobando por primera vez que el proceso es distinto del resto de neuronas similares.
El trabajo se ha realizado en un modelo animal simple, el nematodo Caenorhabditis elegans, lo que podría ayudar a entender mejor el desarrollo de la diversidad neuronal en el cerebro humano, así como comprender los mecanismos que subyacen al componente genético de algunas enfermedades del neurodesarrollo.
El estudio está liderado por la investigadora del CSIC en el IBV Nuria Flames quien, junto a su equipo, ha analizado los mecanismos de regulación genética de 118 tipos de neuronas de C. elegans, concretamente un tipo de neurona serotoninérgica llamada ADF, que recibe información del ambiente, al igual que algunas de nuestras neuronas sensoriales.
ADF es una neurona sensorial, que recibe información del ambiente, igual que otras sensoriales, pero no se puede decir que sean directamente equivalentes, Nuria Flames.
El equipo de investigación del IBV ha identificado un factor de transcripción, llamado LAG-1 (RBPJ en humanos) que actúa como regulador de la expresión de los genes necesarios para que la neurona ADF cumpla sus funciones en C. elegans.
“LAG-1 es el mediador de una vía de señalización fundamental en el desarrollo neuronal, la vía de Notch, que está muy conservada evolutivamente. Sorprendentemente, nuestros resultados muestran que, en el caso de C. elegans, LAG-1 actúa de forma independiente de la vía de Notch para establecer el tipo neuronal ADF”, explica Flames.
La función principal de la ruta de señalización o vía de Notch es controlar los destinos celulares mediante la amplificación y consolidación de diferencias entre células adyacentes. Según la autora, no hay una equivalencia directa entre la ADF y una neurona humana.
“ADF es una neurona sensorial, que recibe información del ambiente, igual que otras sensoriales, pero no se puede decir que sean directamente equivalentes”, señala la investigadora. Sin embargo, C. elegans se utiliza como un modelo simple para entender cómo se genera la diversidad neuronal.
Descubrimiento inesperado
“Fue un descubrimiento inesperado, pues hay muy pocos estudios con descripciones de actividades de LAG-1 y RBPJ independientes de la vía de Notch en cualquier organismo”, revela la experta. Su grupo de investigación en el IBV ha estudiado otras neuronas serotoninérgicas de C. elegans (llamadas NSM y HSN), conociendo cómo se generan.
La comunidad científica desconocía los mecanismos que regulan la diferenciación terminal de este tipo de neurona ADF
Sin embargo, se desconocían los mecanismos que regulan la diferenciación terminal de este tipo de neurona ADF, siendo esta la primera vez que se observa un papel activador de LAG-1 independiente de la vía de Notch en C. elegans.
Este estudio pone de manifiesto que el factor LAG-1 actúa como selector de identidad neuronal en C. elegans, una función que se requiere durante toda la vida del animal e independientemente del ambiente. “Para poder hacer estas funciones tan diferentes de las que normalmente cumple en la vía de Notch durante desarrollo embrionario, LAG-1 ha adquirido la estrategia de independizarse de la necesidad de Notch para trabajar”, resume la investigadora.
Referencia:
Miren Maicas et al. “The transcription factor LAG-1/CSL plays a Notch-independent role in controlling terminal differentiation, fate maintenance, and plasticity of serotonergic chemosensory neurons”. PLoS Biology, DOI: https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3001334
Estudios sociales: la brújula que nos guiará hasta el final de la pandemia
El 83 % de los españoles confía en la vacunación de la COVID-19. Para mantener esa actitud, es preciso integrar el conocimiento de las ciencias sociales en el diseño de las medidas sanitarias y en su comunicación transparente y eficaz.
La pandemia del coronavirus ha supuesto una de las mayores crisis que recuerda la comunidad mundial. Ha supuesto un contexto impensado, para el que las instituciones no tenían una hoja de ruta.
En concreto, numerosos gobiernos se han tenido que enfrentar a un contexto de alta mortalidad con una alta incertidumbre de los modos en los que se propaga la enfermedad, así como de las medidas más eficaces para contener su expansión.
Para hacer frente a esta crisis, todas las miradas se han dirigido a la ciencia. El consenso científico se ha tenido que abrir paso de manera acelerada, con no pocas rectificaciones y contradicciones por el camino. Nunca antes la ciencia se había producido bajo una presión temporal tan grande y el escrutinio público internacional.
Todas las miradas se han dirigido a la ciencia, que se ha tenido que abrir paso de manera acelerada, con no pocas rectificaciones y contradicciones
Uno de los aprendizajes sociales de la crisis del coronavirus es que una pandemia es mucho más que un agente infeccioso. El diseño de las medidas sanitarias no solo debe tener en cuenta la naturaleza del virus, sino el comportamiento de distintos grupos sociales: viajes, celebraciones, formas de trabajo, relaciones afectivas y familiares. Todas ellas son facetas de nuestras vidas afectadas por las medidas para contener la pandemia. Todas ellas han afectado de manera diferente a distintos grupos sociales.
Ciertamente, la sociedad no es un bloque homogéneo y las recomendaciones de sanidad pública tenían el reto de identificar, por un lado, cómo se comportaba la enfermedad, pero también anticipar cómo iban a reaccionar en diferentes grupos sociales ante las restricciones para poder ofrecer las mejores medidas para contener la expansión del virus.
Principales resultados
La Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) acaba de poner a disposición de los investigadores una base de datos única para comprender cómo se ha percibido la tecno ciencia en tiempos de pandemia, mediante la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología, realizada durante el 2020. Pero, además, ofrece una base de datos específica a partir de la Encuesta sobre aspectos científicos de la COVID-19, que complementa a la anterior en el estudio de aspectos centrales para la gestión de la pandemia, como las actitudes hacia la vacunación contra la COVID-19 y el seguimiento de las medidas de prevención del contagio.
Los resultados de estos estudios, basados en el conocimiento y las teorías del comportamiento social acumulados durante décadas, muestran cuáles y cómo han evolucionado los principales factores sociales que han condicionado las medidas sanitarias.
Por un lado, vemos que la confianza en la vacunación sigue en aumento continuado desde finales de diciembre de 2020. Actualmente, solo dos de cada treinta residentes en España expresan reticencias a la hora de aceptar la vacunación. Los principales factores asociados a la reticencia a la vacunación son la creencia de que las vacunas no son seguras, la complacencia (la percepción de que cuando la mayoría esté vacunada ya no será necesario vacunarse), los valores individualistas (medidos como desvinculación de ‘me pondría la vacuna del coronavirus si con eso ayudo a proteger a mis mayores») y la mentalidad conspirativa en torno a las vacunas.
Por otro lado, los datos de mayo muestran un cierto relajamiento en el cumplimiento de las medidas de prevención, particularmente en el mantenimiento de la distancia social. Solo un tercio de la población (32 %) asegura que ha evitado los contactos sociales en el último mes de manera estricta, veinte puntos menos que en enero. Además, solo la mitad de la población (49 %) asegura que ha evitado o ha podido evitar de manera estricta estar en espacios cerrados con otras personas fuera de su ámbito de convivencia.
El cumplimiento de las medidas de prevención, particularmente la distancia social, se ha relajado
Este estudio muestra que los principales factores asociados a no cumplir las medidas de prevención son el incumplimiento de las medidas por su entorno social más cercano, la desconfianza en las instituciones sanitarias, tener bajo nivel de estudios y ser hombre. El efecto cuadrático del nivel de estudio apunta a un posible efecto de condiciones de vida/trabajo en el mantenimiento de las normas de prevención. Adicionalmente, la mentalidad conspirativa se suma a la lista de factores asociados al incumplimiento del uso de la mascarilla.
El reto de una comunicación transparente
Las actitudes hacia la vacunación suelen ser estables en el tiempo. Sin embargo, los datos recogidos durante la pandemia muestran que las actitudes hacia la vacuna de la COVID-19 han visto fluctuaciones muy importantes.
Nuestra opinión ha ido evolucionando en función del contexto, de la información que recibíamos y, también, de cómo ha ido cambiando la confianza que depositábamos en los sistemas sanitarios y políticos. Así, el alto nivel de confianza en la vacunación que tenemos en España no es permanente. Está condicionado por los cambios que puedan suceder en los próximos meses.
El alto nivel de confianza en la vacunación que tenemos en España no es permanente.
Por lo tanto, es pronto para bajar la guardia y es preciso seguir manteniendo una comunicación transparente y eficaz en este difícil contexto pandémico, especialmente con los intermediarios de la comunicación vacunal (sociedades científicas de áreas biomédicas, periodistas científicos y de la salud, etc.). También es preciso que estos intermediarios, que sabemos que ejercen una influencia significativa sobre las personas con reticencias hacia la vacunación, tengan acceso a los motivos y deliberaciones detrás de los ajustes de la estrategia de vacunación.
Es importante que se conozca el trabajo ingente que están realizado las instituciones públicas (especialmente la ponencia y el grupo técnico de vacunación, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios y el Instituto de Salud Carlos III, entre otros) analizando las evidencias disponibles día a día para procurar la mejor estrategia de vacunación posible.
De todo este trabajo diario se derivan unos motivos para las recomendaciones que deben ser comunicados adecuadamente a estos agentes intermediarios de la comunicación vacunal. Una mayor capacidad para comunicar los motivos detrás de los cambios de estrategia (semana a semana, en función de nuevas evidencias científicas) afectará positivamente en la confianza de los intermediarios y, por lo tanto, ayudará a prevenir retrocesos en la aceptación vacunal entre algunos sectores de la población en los próximos meses.
Una mayor capacidad para comunicar los motivos detrás de los cambios de estrategia de vacunación afectará positivamente en la confianza de la población.
Por otro lado, los datos anticipan una continuación de la tendencia a la relajación en el cumplimiento de las medidas sanitarias en algunos grupos que no sucederá de manera homogénea entre el conjunto de la población.
El cumplimiento de las medidas sanitarias en el contexto social inmediato sigue siendo el principal predictor del cumplimiento de las medidas a nivel individual, por lo que en los próximos meses se desarrollarán grupos o microcomunidades en las que estas medidas se incumplirán en mayor medida.
La edad no será un factor determinante en la creación de estos grupos, aunque probablemente estarán más presentes en el imaginario colectivo por las escenas de botellones y el incremento de los casos positivos en este colectivo. Sin embargo, los datos muestran que ni son todos los jóvenes ni solo los jóvenes. Las medidas se incumplen ahora en mayor medida también entre las personas ya vacunadas (que creen, erróneamente, que ni pueden enfermar ni pueden contagiar) y entre otros grupos, como aquellos vinculados con una mayor desconfianza a las instituciones políticas, un menor nivel de ingresos (condiciones de vida/trabajo que suponen mayores costes en el cumplimiento de las medidas), así como una mayor mentalidad conspirativa (en el caso del uso de la mascarilla).
Es importante combatir la estigmatización de grupos sociales, porque incidirá en un aumento de comportamientos no recomendables dentro de los grupos estigmatizados.
Tras un año y medio de disciplina, algunos grupos de personas ven a su alrededor relajarse el cumplimiento de las medidas sanitarias y, también, ellos mismos tienden a relajarlas para ver a sus familiares o sus amigos, produciéndose así una bola de nieve.
Es importante recordar los riesgos de la exposición al virus entre los jóvenes: en el primer semestre del año se hospitalizaron cerca de 5 000 menores de 30 años y 37 de ellos fallecieron, sin contar con aquellos que padecen las consecuencias de la COVID persistente; pero también debemos recordar, por ejemplo, que en el mes de mayo murieron 150 personas por la COVID en Estados Unidos que ya estaban vacunadas y cerca de 18 000 que no estaban vacunadas: la vacuna minimiza enormemente la probabilidad de sufrir las peores consecuencias de la enfermedad, pero no es una garantía total de no padecer la enfermedad ni mucho menos de no poder transmitir el virus.
Además, es importante combatir la estigmatización de grupos sociales, tanto grupos etarios como étnico-religiosos, que pueda emerger en los próximos meses tras la extensión de la cobertura vacunal. Previsiblemente, la estigmatización incidirá en un aumento de comportamientos no recomendables dentro de los grupos estigmatizados.
¿Qué dice la ciencia social de lo que nos depara el futuro?
En los próximos meses, tanto la reticencia vacunal como el incumplimiento de medidas sanitarias tendrá un carácter preeminentemente grupal, formando comunidades de sentido con una determinada narrativa sobre la realidad social de la COVID-19. Es preciso identificar tempranamente la conformación de estas narrativas y grupos para establecer puentes de diálogo y favorecer los comportamientos favorables a la contención definitiva de la pandemia.
Las medidas sanitarias son fundamentales para evitar la difusión del virus, pero siempre debemos tener presente que estas se basan en el comportamiento social. No basta tener una vacuna, una parte muy amplia de la población debe aceptar vacunarse con ella; no basta saber cómo se transmite el virus, debemos diseñar medidas de contención que se puedan llevar a la práctica a nivel social.
A lo largo de este difícil año y medio, en todos los países hemos aprendido (más o menos rápidamente) que la integración del conocimiento que aportan las ciencias sociales en el diseño de las medidas sanitarias y de su comunicación mejora nuestra capacidad de hacer frente a una crisis impensada como la pandemia en la que todavía estamos inmersos.
Este artículo se publicó originalmente en Voces expertas , una sección coordinada por SINC en la web de la estrategia de vacunación española vacunacovid.gob.es .
Analizan la prevalencia de los trastornos mentales durante la pandemia entre personas de 50 a 80 años
La pandemia de COVID-19 y las situaciones de estrés y tristeza asociadas a la misma no elevaron la prevalencia de la depresión y la ansiedad entre los participantes en el Estudio Longitudinal de Salud del Adulto (ELSA Brasil) residentes en la ciudad de São Paulo.
El estudio ELSA Brasil monitorea la salud de 15 000 empleados públicos de seis universidades y centros de investigación del país desde el año 2008.
La investigación sobre la salud mental en la pandemia se realizó en São Paulo con 2 117 no docentes y jubilados de la Universidad de São Paulo (USP) que integran el estudio nacional y cuyas edades varían entre los 50 y los 80 años. Este trabajo apunta a comparar el estado mental de esa población antes y durante la pandemia, tanto entre personas sanas como entre portadores de ansiedad y depresión.
“Esta noticia es positiva, pero es necesario considerar que la ciudad de São Paulo posee uno de los índices de trastornos psiquiátricos más altos del mundo, que afectan a alrededor de un 20 % de la población. Estudios similares al nuestro, realizados en el Reino Unido, por ejemplo, muestran un 16 % de prevalencia. Por ende, puede haber sucedido lo que denominamos como efecto techo: la prevalencia es tan alta que no aumenta más”, afirma André Brunoni, docente de la Facultad de Medicina (FM-USP) y coordinador de la investigación.
De acuerdo con estos resultados, publicados en la revista Psychological Medicine, hubo una estabilidad en los diagnósticos a lo largo de 2020. En general, la tasa de trastornos mentales osciló entre el 23,5 por ciento y el 21,1 por ciento. La de depresión, específicamente, cayó del 3,3 al 2,8 por ciento. En tanto, la de trastornos de ansiedad varió entre el 13,8 y el 8 por ciento.
Durante los tres períodos del año en que se recabó la información sobre la salud mental de los participantes –de mayo a julio, de julio a septiembre y de octubre a diciembre–, se observó también una estabilización o una ligera declinación de los síntomas de depresión, ansiedad y estrés.
“Por supuesto que todo el mundo está más triste y más preocupado en la actual situación. Tan es así que, cuando aplicamos nuestro cuestionario, había un 30 por ciento de personas que describían estar con depresión o con síntomas de ansiedad. Sin embargo, era solamente una sensación. Con los diagnósticos surgió una estabilidad o incluso una disminución. Lo propio sucedió con los síntomas de ansiedad o de depresión”, explica.
Según Brunoni, para que un psiquiatra establezca un diagnóstico de depresión, el paciente debe presentar durante más de dos meses dos síntomas mayores del trastorno (tristeza y falta de placer en realizar actividades que antes le gustaban, por ejemplo) y otros cinco síntomas menores sobre un total de nueve, tales como ansiedad, variación del sueño, aumento o pérdida de peso, pensamientos de menoscabo y alteraciones de la libido.
Los más vulnerables
Los datos que se describen en el artículo indican que el riesgo de padecer trastornos mentales fue mayor entre los participantes más jóvenes y aquellos socialmente más vulnerables: mujeres, personas sin nivel superior de educación y de etnias no blancas.
“El único factor de riesgo que no se encuadra entre los clásicos de vulnerabilidad en nuestra sociedad fue la cuestión etaria. En el estudio, los más jóvenes, es decir, los que tienen menos de 60 años, experimentaron un mayor riesgo de desarrollar trastornos mentales. Es probable que esto haya ocurrido justamente por el hecho de que los ancianos están más protegidos en el contexto pandémico y no necesitan ir presencialmente al trabajo, incluso después de la flexibilización de las cuarentenas”, explica Brunoni.
Otro aspecto que se observó en esta investigación, y en el cual se ahondará con nuevos análisis, es la cuestión de la intensificación de la doble jornada de las mujeres durante la pandemia. “Entre quienes respondieron y tienen niños o adolescentes en casa, no hubo aumento de los trastornos mentales entre los varones. Lo propio no sucedió entre las mujeres. Ahora pretendemos investigar el impacto de la jornada doble en la vida de esas participantes”, comenta.
Algunos factores importantes para el mantenimiento de la salud mental, aun en situaciones de fuerte estrés, quedaron evidentes, como en el caso de la estabilidad económica. La población estudiada tiene más edad (60 años en promedio), pero, como se trata de empleados públicos, cuenta con una mayor estabilidad y protección social cuando se la compara con la población en general.
“Pero creemos que la edad hizo su aporte más que la seguridad al no aumento de los trastornos mentales. Es probable que un estudio realizado en nuestros moldes con una población adolescente registrase un incremento de los diagnósticos”, afirma el investigador.
Sucede que, tal como Brunoni remarca, el modelo de trastorno mental depende de la interacción genética (mayor vulnerabilidad genética y biológica) y ambiental (estrés externo). “Lo más común es que el pico de desarrollo de trastornos mentales se produzca entre los 20 y los 30 años, cuando las personas se exponen más al ambiente. Luego de ese lapso, eso va disminuyendo”, subraya.
En el estudio, los participantes tenían entre 50 y 80 años y alrededor de un 25 por ciento ya tenía diagnóstico de trastorno mental. “Si se mira atrás, son personas que pasaron por la dictadura, la hiperinflación, el Plan Collor [el programa económico lanzado en 1990 por el expresidente Fernando Collor de Mello (1990-92), que, entre otras medidas, confiscó los ahorros de la población depositados en los bancos] y, probablemente, muchas pérdidas en la vida. Son tantos estímulos desgastantes que quizá esas personas con predisposición genética habían desarrollado trastornos mentales”, dice.
La soledad de los ancianos durante la pandemia fue otro aspecto analizado en el cual se ahondará en futuros estudios. “Muchos informaron que la tecnología fue una gran aliada para esquivarla y mantener los lazos con la familia y los amigos, aunque sea virtualmente. Esto fue importante, pues las personas que informan tener una mayor dificultad interpersonal tienen un riesgo aumentado de desarrollar síntomas o trastornos”, culmina.
Descubierto en ratones un mecanismo inédito de formación de la memoria social
Una investigación liderada por el Instituto de Neurociencias de Alicante ha analizado en roedores el papel de la encefalina en la creación de la memoria colectiva –aquella compartida, transmitida y construida por el conjunto de la sociedad– y sus efectos en las personas con esquizofrenia.
El neuropéptido encefalina, compuesto por cinco aminoácidos, es fundamental para que el encuentro con alguien que no hemos visto con anterioridad quede archivado en nuestra memoria. Así lo afirma un estudio liderado en el Instituto de Neurociencias de Alicante (CSIC/UMH) y realizado en ratones, una especie social como los humanos. Los resultados se publican en Molecular Psychiatry.
“Este trabajo proporciona un mecanismo novedoso y hasta ahora desconocido para el almacenamiento de la memoria, en el que la acción de neuronas inhibidoras locales produce una plasticidad sináptica de larga duración –indispensable para la formación de esta memoria social– a través de la liberación de la encefalina y su acción sobre los receptores opioides delta”, explica Félix Leroy, científico de la institución valenciana.
Queremos ver cómo la plasticidad que hemos demostrado en esta publicación se puede aprovechar para rescatar la capacidad de formar memoria social en estos animales, expreso Félix Leroy.
La plasticidad sináptica hace referencia a los cambios que se producen en la intensidad de la comunicación entre las neuronas, y es el principal mecanismo implicado en la memoria y el aprendizaje. Mientras, la encefalina actúa como un depresor de la comunicación neuronal y es liberada por las neuronas VIP.
Las neuronas VIP, llamadas así porque producen un péptido que fue aislado inicialmente en el intestino denominado péptido intestinal vasoactivo, se encuentran en una pequeña zona del hipocampo denominada CA2, que está implicada en la formación de la memoria social. Estas células VIP actúan en esta zona del cerebro como neuronas des inhibitorias, porque frenan a las neuronas inhibitorias. De esta manera, las neuronas excitadoras pueden activarse indirectamente.
Así, las neuronas VIP muestran una mayor actividad durante el encuentro con un individuo desconocido que frente a otro familiar y también ante un objeto nuevo. Cuando las inter neuronas VIP en CA2 liberan encefalina, se induce un tipo especial de plasticidad, denominada ITDP (Input-timing-dependent plasticity), que es fundamental para la formación de la memoria social.
Cuando las inter neuronas VIP en CA2 liberan encefalina, se induce un tipo especial de plasticidad que es fundamental para la formación de la memoria social.
Revertir la esquizofrenia
“La disfunción de CA2 ha sido relacionada con la esquizofrenia en humanos y se cree que contribuye a los déficits de memoria social. Una mejor comprensión de cómo los opioides endógenos regulan la función de la CA2 contribuirá a una mejor comprensión de los mecanismos de la enfermedad”, añade Leroy.
“Por los modelos de ratón de esquizofrenia sabemos que la zona CA2 está mal regulada en esta enfermedad, y que esos ratones no pueden formar memoria social. Lo que estamos haciendo ahora es ver cómo la plasticidad que demostrada en esta publicación se puede aprovechar para rescatar la capacidad de formar dicha memoria social en estos animales”, concluye el investigador.
Referencia:
Leroy, F., de Solis, C.A., Boyle, L.M. et al. Enkephalin release from VIP interneurons in the hippocampal CA2/3a region mediates heterosynaptic plasticity and social memory. Mol Psychiatry (2021). DOI: 10.1038/s41380-021-01124-y
España, a la cabeza entre los países con mayor exceso de mortalidad asociada a la COVID-19
El primer estudio sobre el excedente de fallecimientos por la pandemia en 22 países revela que, en 2020, las muertes reportadas por la COVID-19 causaron un 68,55 % de dicha desproporción en España. Los países con cifras más altas fueron los que tardaron más en reaccionar y adoptar medidas de control limitadas.
España se situó en 2020 a la cabeza entre los países con un mayor exceso de mortalidad asociada a la pandemia. Este es uno de los resultados del estudio realizado por el Consorcio de Mortalidad COVID-19 (C-MOR), que representa a 33 instituciones y del que la Universidad de Oviedo (UNIOVI), es la única representante de nuestro país.
Este consorcio comparó la mortalidad en 22 países y territorios en los cinco años anteriores con las muertes entre enero y agosto de 2020 y descubrió que, mientras algunos mostraban un exceso de mortalidad por todas las causas, otros tenían un exceso de mortalidad mínimo o incluso disminuido.
En los países con un exceso de muertes estadísticamente significativo durante 2020, las muertes reportadas por la COVID-19 fueron la causa del 68,55 % del exceso de muertes en España, el 80,7 % en Estados Unidos y el 96 % en Inglaterra y Gales.
Así, Brasil, Inglaterra, Francia, Italia, Irlanda del Norte, Escocia, España, Suecia, Estados Unidos y Gales habían aumentado dicho exceso de mortalidad por todas las causas; Austria, Cabo Verde, Colombia, Chipre, Estonia, Israel, Noruega, Eslovenia y Ucrania tenían un exceso insignificante; y Australia, Dinamarca y Georgia incluso habían reducido dicho exceso.
Tanto en total como para hombres y mujeres, la mortalidad por todas las causas fue más alta durante 2020 en comparación con el promedio de los cinco años anteriores en Brasil, Chipre, Reino Unido, Gales, Francia, Italia, Irlanda del Norte, Escocia, Estados Unidos, Eslovenia, Suecia y España. De hecho, el mayor exceso de mortalidad se observó en Inglaterra y Gales, España, Estados Unidos, Escocia, Brasil e Irlanda del Norte. Y fue menos pronunciado en Francia, Italia, Eslovenia, Chipre y Suecia.
El informe publicado en el International Journal of Epidemiology, revela que, dentro de los países con una tasa de mortalidad más alta en 2020, la COVID-19 fue la causa primaria de muerte en Brasil, Irlanda del Norte, Escocia, España, Eslovenia y Suecia, y como causa primaria o subyacente en Chipre, Inglaterra, Gales, Francia, Italia y Estados Unidos
El trabajo indica además que, en los países con un exceso de muertes estadísticamente significativo durante 2020, las muertes reportadas por la COVID-19 fueron la causa del 68,55 % del exceso de muertes en España, el 80,7 % en Estados Unidos y el 96 % en Inglaterra y Gales. En Brasil, Francia, Italia, Irlanda del Norte y Escocia, la contribución de la COVD-19 al exceso de muertes fue superior al 100 %. Por semanas y en el caso de España, el mayor exceso de muertes se registró en el periodo comprendido entre el 16 de marzo y el 26 de abril.
Tras la aparición del SARS-CoV-2, comprender el impacto de la pandemia ha sido un desafío para la comunidad científica. Los países de todo el mundo carecen de una imagen precisa de la carga de mortalidad directa e indirecta por la COVID-19
Autores del informe
“Tras la aparición del SARS-CoV-2, comprender el impacto de la pandemia ha sido un desafío para la comunidad científica. La estadística de mortalidad por COVID-19 no tiene en cuenta el acceso limitado a las pruebas médicas, la tensión sobre los sistemas de salud o las muertes derivadas de las medidas de restricción”, apuntan los autores. “Los países de todo el mundo carecen de una imagen precisa de la carga de mortalidad directa e indirecta por esta enfermedad”.
“A medida que las enfermedades infecciosas emergentes y re-emergentes se vuelven más comunes, nuestros resultados informan del impacto que las epidemias pueden tener en las poblaciones y de lo que se puede hacer para mitigar este impacto”, añade Pedro Arcos, profesor de la Universidad de Oviedo.
Influencia de las restricciones
El estudio permitió evaluar también el impacto de las medidas de restricción asumidas por las autoridades gubernamentales sobre el exceso de mortalidad. Los autores señalan que, con carácter general, los países con mayor excedente tendían a tener medidas de control limitadas o retrasadas y viceversa.
Además, el informe describe que los patrones de mortalidad encontrados en los casos de Australia, Cabo Verde y Colombia probablemente estén influenciados por el momento de la pandemia en estos países, con sus latitudes más al sur.
No solo continuaremos monitoreando el exceso de muertes, sino que también estudiaremos la carga de morbilidad por COVID-19. Estos análisis ayudarán a comprender mejor y minimizar los efectos multidimensionales del virus.
Investigadores de Universidad de Oviedo
Para los expertos, se trata de uno de los trabajos más grandes y extensos de la mortalidad por la pandemia realizados hasta la fecha, que utilizó predominantemente fuentes nacionales y primarias, a diferencia de los conjuntos de datos disponibles públicamente.
Pero el trabajo del consorcio sigue en marcha. “No solo continuaremos monitoreando el exceso de muertes, sino que también estudiaremos la carga de morbilidad por COVID-19. Estos análisis ayudarán a comprender mejor y minimizar los efectos multidimensionales del virus”, concluyen Pedro Arcos y Ángel Fernández, otro de los investigadores de la Universidad de Oviedo.
Referencia:
Observed 2020 mortality rate vs 2015–2019 average mortality rate (per 100 000 population) and stringency index (SI, %) for total population and by sex for countries providing monthly data (solid vertical line indicates the start of the reported COVID-19 deaths). International Journal of Epidemiology. Oxford University Press
