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Acotación necesaria: La Revolución del 30.

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Uno de los momentos más tumultuosos de nuestra historia en el período republicano, lo constituye sin lugar a dudas la Revolución del 30. Para Los que impartimos la asignatura en los diferentes niveles educacionales en la actualidad, se hace necesario un material de apoyo a la docencia que sin caer en excesos y descripciones pormenorizados, permitan al alumno hacerse una idea bastante exacta de la situación que confrontó el país en esos años.

Autora

: Lic. Josefina Acosta de Para

Categoría docente: Profesora Asistente

Centro de Trabajo: Facultad de Ciencias Medicas “CMT. Manuel Fajardo”    Policlínico Universitario Vedado y Facultad de Lenguas Extranjeras U.H.

Dirección particular: Calle 11 no 1270 apto. 8 entre 20 y 22,   Vedado

Teléfono: 830 3195

Correo electrónico: acostadepara@infomed.sld.cu

 

RESUMEN:

 

Uno de los momentos más tumultuosos de nuestra historia en el período republicano, lo constituye sin lugar a dudas la Revolución del 30. Para Los que impartimos la asignatura en los diferentes niveles educacionales en la actualidad, se hace necesario un material de apoyo a la docencia que sin caer en excesos y descripciones pormenorizados, permitan al alumno hacerse una idea bastante exacta de la situación que confrontó el país en esos años. Los textos oficiales en su mayoría no reflejan los nuevos criterios historiográficos potenciando o minusvaluando personalidades y organizaciones en el complejo panorama de aquellos años.

 

Este artículo analiza los “cómo” y por los “por qué de los acontecimientos que median entre los días finales de la dictadura de Machado y el Gobierno de los Cien Días, enfatizando en el papel que desempeñaron dentro de las diferentes organizaciones y sectores de la sociedad cubana el ejército, el DEU y la Pentarquía en contraposición con la actitud mediacionista de la Embajada de Estados Unidos.

 

Palabras claves: Revolución del 30, Mediación, Ejército, DEU, Pentarquía



ACOTACION NECESARIA: La Revolución del 30

 

Por Lic Josefina Acosta de Para

 

Uno de los temas abordados en los programas de Historia de Cuba es la llamada Revolución del 30, pero generalmente desfilamos por los acontecimientos que van del 12 de agosto al Gobierno de los Cien Días sin detenernos a analizar los “cómo” y por los “por qué” que nos llevaron a ese gobierno heterogéneo. Para poderlo explicar debemos partir del propio año de 1930.

 

¿Qué situación existía en 1930? Los desastrosos efectos de la crisis económica de 1929 que reducen drásticamente nuestro principal renglón exportable, la reelección de Machado en 1928 que permitió extender su período presidencial de 1929 hasta 1935 dando inicio a uno de los períodos más negros de la Historia de Cuba: “El machadato”; la Huelga de Marzo del 30 donde la clase obrera da un mentís a la declaración “bajo mi gobierno ninguna huelga durará más de 24 horas”; la Manifestación estudiantil del 30 de septiembre y el asesinado de Rafael Trejo en ese mismo año que da paso al DEU del 30, una de las organizaciones estudiantiles más combativas en la lucha contra la dictadura. En 1931, una expedición armada con 37 combatientes entre los que se figuraba Sergio Carbó, destacado periodista, arriba por Gibara en la antigua provincia de Oriente señal de que nuevas clases y sectores se oponen al régimen; ese mismo año, en agosto, se produce la sublevación de Río Verde,  un alzamiento de importantes figuras políticas como el ex general y ex presidente García Menocal y el ex Coronel Carlos Mendieta.

 

Consecuencias: la oposición se generaliza y cobra auge entre los diferentes sectores del país: obreros, estudiantes, intelectuales, burguesía y políticos tradicionales, agudizándose la represión. Se incrementa la violencia. Machado plantea: “no abandonaré el poder antes de las 12:00 del día del 20 de mayo de 1935. Ni un minuto más ni un minuto menos”[ii]

 

Pero, como las bombas que detonaban en La Habana estallaban en Washington, en mayo de 1933 los Estados Unidos nombran como embajador a Benjamín Sumner Welles. Objetivos: mediar entre el gobierno y la oposición para encontrar una solución pacífica al conflicto, lo que lejos de solucionarlo agregó un ingrediente más a la explosiva situación cubana: La Mediación.

 

En medio de esta situación un hecho aislado vino a precipitar los acontecimientos; en julio de 1933 la imposición de un nuevo impuesto al transporte urbano de la capital fue el detonante para que los dueños y conductores de los ómnibus de La Habana comenzaran una huelga. A la ya crítica situación del país se sumó entonces un nuevo componente: la huelga. El gobierno hizo todo lo posible por enmendar la situación creada, pero todos sus esfuerzos fueron infructuosos. La huelga se convirtió en el catalizador de la acumulación de todos los problemas y aspiraciones populares insatisfechas.

 

Observemos los siguientes datos para una Cronología del Desastre:[iii]

·         En La Habana, en Luyanó, el Parque Trillo y Marianao se escenificaron manifestaciones callejeras.

·         En Santa Clara choque entre obreros y la policía por agresión a una manifestación de mujeres El ejército tomó militarmente la ciudad.

·         En Stgo. de Cuba las fuerzas del orden reprimen manifestación. Asesinato de Ana Luisa Labardié.

·         1º de agosto no hay transporte de pasajeros. La huelga, apoyada por el PCC, la CNOC y el auxilio del DEU se extiende como pólvora.

·         Van a la huelga linotipistas, estibadores y barberos secundados por Rubén Martínez Villena.

·         El 5 de agosto ya hay una huelga general: lo medios de comunicación escritos y radiales estaban paralizados.

·         En el puerto se suspende la carga y descarga de mercancías.

·         La Federación Médica de Cuba se solidariza con los obreros. Cese de los servicios médicos.

·         No circular ómnibus, ni tranvías, ni trenes y el comercio estaba cerrado. Los comerciantes españoles cierran sus negocios y entregan las llaves en la Embajada de su país buscando protección diplomática.

·         Estados Unidos amenaza con la intervención al amparo de la Enmienda Platt

 

¡Machado tiene que irse! Estados Unidos le ha retirado su apoyo a Machado. Entra en funciones la Mediación. Sumner Welles crea el arquetipo de la transición: cómo cambiarlo todo para que todo siguiera igual. La persona elegida: Carlos Manuel de Céspedes y de Quesada. Hijo del Padre de la Patria, nacido en Estados Unidos en 1871 y ex coronel de la Guerra del 95, ex Secretario de Estado y ex embajador en Washington.

 

Los días siguientes estarán plenos de manifestaciones populares, represión, componendas políticas y la intransigencia de Machado a no abandonar el poder.

Es en estos momentos que un nuevo elemento viene a sumarse a la escena política: El Ejército. Todo el poder de Machado se sustentaba en las fuerzas armadas, mil oficiales y quince mil alistados[iv] sustentaban su poder.

 

La institución militar, llena de privilegios y prebendas para los altos oficiales quienes disfrutaban de sueldo desproporcionados y elevadas dietas y provenían en su mayoría de las clases y sectores privilegiados de la sociedad, y mantenían avasalladas a las clases y soldados, los que surgían de las familias más humildes de la comunidad, en su mayoría de las zonas rurales y a quienes sometían a severas condiciones de vida, salarios de miseria, hacinados en barracas del ejército sin reconocimiento social y prácticamente de esclavos o criados de los oficiales. Dentro de la propia oficialidad existían diferencias entre los oficiales de carrera y los que no lo eran.

 

La crisis del gobierno repercutió en el seno del ejército agudizando sus diferencias. Los oficiales comprometidos con los asesinatos y la represión se apegan al gobierno, mientras que los “no maculados” se van distanciando. Los más comprometidos van buscando dónde esconderse en vistas de la inminente caída de la dictadura o se marchan del país. Otros le van negando su apoyo; se producen conspiraciones, sediciones, toma de instalaciones militares como la del Batallón nº 1 del Ministerio de Hacienda que marcha a tomar el Castillo de la Fuerza donde radicaba el depósito de armas y municiones del ejército. El Batallón nº 1 se había sublevado y pedía la renuncia del general Machado. Otros como el Coronel Julio Sanguily, nombrado como Jefe de Estado Mayor del Ejército por la Mediación, exige solo se cumplan sus órdenes.

 

En algunos sectores del ejército, la amenaza de intervención al amparo del Tratado Permanente, y el temor de verse de un momento a otro combatiendo contra el ejército norteamericano deciden no apoyar a Machado. Se da el caso de un oficial, quien en el Campamento de Columbia le plantea al General: “El cuerpo de aviación ha tomado el acuerdo de no derramar más sangre de cubanos…..no se nos han de comunicar más órdenes que impliquen derramamiento de sangre[v]

 

La Habana, como reflejo de la Nación es un hervidero. Se han producido los acontecimientos del 7 de agosto cuando la propalación de una falaz noticia, la renuncia de Machado, y el júbilo consiguiente de la población con despliegue de banderas cubanas gritos de ¡Viva la República!, ¡Ya cayó! ¡Ya cayó! ¡Que se vaya el Animal! provocaron la respuesta de los órganos represivos dirigidos por el Brigadier Antonio Ainciart Raggi quien ordenó la embestida de las fuerzas policíacas. Pelotones de policías bajaron por la calle Belascoaín, Oquendo, Marqués González y San Francisco. Tabletearon las ametralladoras, sonaron los disparos, en el pavimento quedaron una veintena de hombres y centenares de heridos. El odio era indetenible. El caos reinaba. Los asesinatos y saqueos se extendían.

 

El 12 de agosto se efectúa la componenda seudo constitucional. Céspedes toma posesión del cargo. Welles eufórico. Machado retirado a su finca Nenita, en Stgo. de las Vegas, En Palacio aparecen los letreros: “Se alquila” y “E.P.D”

 

Para Machado parece que toda ha terminado, ¿Dónde iré?... El Ejército le ha retirado su apoyo, le suprimen prácticamente su escolta, solo el Capitán Crespo, el Asesino del Castillo de Atarés y algunos incondicionales, manchados con la sangre fraticida, están a su lado tratando de correr su misma suerte y partir hacia el mismo destino. A las 3:32 de la tarde, a bordo de un avión partió de Rancho Boyeros rumbo a Nassau el ex -presidente y ex-general Gerardo Machado y Morales.

 

La noticia de la renuncia de Machado estremece la Ciudad, es el caos…los saqueos, asesinatos se multiplican, la cacería de adeptos al gobierno se suceden durante todo el día, la ira y el odio popular desbordan la razón…Mansiones incendiadas, pianos lanzados desde pisos superiores hacia a calle, libros y muebles de las bibliotecas destruidas llueven sobre el malecón. En Villa Miramar, actual Restaurante 1830, los monos, los leones, las aves y el oso torturados, atormentados y rematados; asesinos muertos, desenterrados de sus fosas, como el del odiado Capitán Ainciart, arrastrados y colgados en postes de electricidad. Lanchas separadas de la costa e incendiadas. No hay orden ni concierto. ¿Dónde están las fuerzas del orden?... Estos destrozos, cacerías y vandalismos se extenderán durante varios días. 

 

El día 14 llegan al puerto de La Habana los destructores de EEUU USS Taylor y USS Claxton. El mensaje es claro. La Enmienda está presente.

 

El presidente Céspedes por su parte está inmerso en la formación del nuevo gabinete, El Gabinete de Concertación, integrados por opositores de Machado, fundamentalmente miembros del ABC, de la OCRR y de otros partidos políticos tradicionales. ¿Dónde estaban el resto de las fuerzas que se habían opuesto a la dictadura durante esos años?

 

En 1933 los principales dirigentes del DEU y de los partidos políticos tradicionales estaban muertos, presos o en el exilio. Los presos fueron amnistiados a solicitud de Welles al iniciarse la Mediación. Los exiliados comenzaron a regresar después de la huída de Machado Los dirigentes de la CNOC y el PCC en la clandestinidad. Los obreros mantenían sus demandas y la huelga no había cesado. Villena ingresado desde el 9 de agosto en el Sanatorio “La Esperanza” aquejado de tuberculosis- Ninguno fue tenido en cuenta ni participó en la distribución del “pastel mediacionista”.

 

Al tiempo que en el plano civil se desarrollaban estos acontecimientos, otros se estaban gestando en los fueros militares. El ejército había recibido un duro golpe con la caída del machadato y la gran mayoría de los Jefes y Oficiales, o se habían marchado del país, los más comprometidos, o estaban escondidos esperando que pasaran los tiempos turbulentos que asolaban la Nación. Al ser privadas las tropas de su jefatura, la falta de organización y control se generalizaba. Los oficiales no vinculados al antiguo régimen intentaban poner fin al descontrol existente, pero no eran obedecidos por sus antiguos subordinados. Las quejas, las peticiones, los pronunciamientos se multiplicaban.

 

Es dentro de este contexto que la masa de alistados comienza a solicitar sus reivindicaciones aprovechando el momento propicio por la ausencia de mando y la desorganización existente. Será el Club Social de Alistados en el Campamento de Columbia presidido por el Sargento Pablo Rodríguez el lugar escogido para canalizar sus demandas. ¿En qué consistían?...Los sargentos aspiraban a mayores facilidades para ascender a oficiales, tener dos botones más en la guerrera, gorra de plato y botas lisas. En ningún momento se pensaba en un golpe de estado, un cambio de gobierno ni una sedición en contra de la oficialidad.

 

Poco a poco se fueron sumando a las demandas los sargentos y subalternos de otros cuerpos, entre ellos “un mulato de pelo lacio que usaba patillas largas y como de unos 30 años, de fecha de nacimiento desconocida, taquígrafo de ocupación de la jefatura del Campamento de Columbia.”[vi]; Es Fulgencio Batista y Zaldívar, quien parece por primera vez en la historia en el Cementerio de Colon haciendo uso de la palabra en el entierro de un sargento asesinado por la tiranía. 

 

Ante la urgencia del momento se redactó un pliego de peticiones para enviar al coronel Sanguily, jefe del ejército, quien se encontraba recién operado y en el que se solicitaba entre otras cosas depuración inmediata del cuadro de oficiales, clases y soldados: castigo a los culpables directos de los crímenes del régimen caído; petición de incorporar a los requisitos para el ingreso en la escuela de cadetes y otras mejoras en sus condiciones de vida y retiro en el ejército.

 

La falta de respuesta, al pensar el grupo que sus demandas no habían sido escuchadas, precipitó los acontecimientos; El círculo de conspiradores se ensanchó. Se produjeron nuevos ingresos constituyéndose la Junta de Defensa o Junta de los Ocho como dirección del movimiento integrada por 5 sargentos, un cabo y dos soldados. [vii] El pronunciamiento continúo ampliándose a otras unidades fuera de Columbia, nombrándose a sargentos como delegados de confianza del grupo dirigente.

 

El mes de septiembre encuentra al país convulso, la inconformidad reinaba en las distintas organizaciones que habían participado en la lucha contra machado y que no se veían representadas en el gobierno mediacionista, todos se confabulaban, buscaban alianzas, conspiraban para deponer a Céspedes y en medio de esa situación la Junta de los Ocho decide pedir una autorización al Jefe del Campamento de Columbia para reunirse en el Club de Alistados. La fecha: 4 de septiembre. La solicitud es aceptada.

 

En la mañana del 4 de septiembre se presenta en el predio militar un representante del Jefe del Estado Mayor del Ejército a conversar con alguno de los alistados partidarios del movimiento. Quiso la casualidad que de todos los iniciadores del movimiento fuera Batista, el último en incorporarse, quien se encontraba presente en esa hora y en ese preciso lugar para quedar ante los ojos de todos como jefe del pronunciamiento militar.

 

A partir de ese instante los sucesos van a precipitarse con Batista en el centro de la vorágine. En la noche en todo tipo de transporte llegan los representantes de las diferentes compañías militares a Columbia. A las 8 de la noche se inicia la Asamblea. Batista ocupó la presidencia:… “Los he citado aquí para señalarles cuál es la pauta a seguir. De ahora en lo adelante no obedezcan más órdenes que las mías… los sargentos primeros se harán cargo de las respectivas unidades, si no hay sargento un cabo, si no hay un cabo, un soldado y sino un recluta…desde este momento el Estado Mayor está en el Campamento de Columbia”[viii]

 

Y así, en medio del caos, en medio de la desorganización militar por la ausencia de la oficialidad en el Ejército, se ejecutó lo que más tarde se llamaría “La Revolución de los Sargentos” o el Golpe de Estado del 4 de septiembre. Lo que comenzó siendo un reclamo sin trascendencia, sin matiz político, sin vínculos con la situación económica del país se va a convertir en una “revolución”.

 

¡A Columbia! El sargento Batista ha dado un golpe con los alistados….[ix].Allí se traslada el centro de los acontecimientos. La noticia va a correr entre las distintas organizaciones que se opusieron a Machado, pensando que dentro del desconcierto que reinaba en todo el país quizás un movimiento dentro del ejército fuera capaz de llevar adelante un movimiento revolucionario. Estos hombres de diferentes tenencias, con diferentes programas y objetivos de lucha, que podía ir desde reivindicaciones económicas y políticas hasta la idea de deponer al presidente Céspedes confiaban en que el ejército podía canalizar sus diferentes aspiraciones.

 

Distintas organizaciones de izquierda que estuvieron a la vanguardia en la lucha contra Machado: El Partido Comunista (PC), la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), la Liga Antiimperialista y el Ala Izquierda Estudiantil (AIE) fueron a Columbia a apoyar el golpe, pero no se aceptó su participación.[x]

 

Quiso la casualidad que fuera el estudiante Carlos Pío Socarrás, uno de los principales dirigentes del DEU, quien primero persuadió al sargento Batista a adoptar el Programa del Directorio Estudiantil Universitario como programa del movimiento. Lo que hasta el momento no era más que una asonada militar desvinculada de los problemas del país se convierte al adoptarse este Programa en un “movimiento revolucionario y nacionalista”; En unión de los militares rebeldes, el DEU integra la llamada Agrupación Revolucionaria de Cuba o Junta Revolucionaria. El movimiento de los sargentos había conseguido lo que ninguna organización antimachadista había logrado después de la caída de la dictadura: el poder.

 

Era el momento de constituir el gobierno que dirigiera los destinos de Cuba y llevara adelante la Revolución. ¿Qué tipo de gobierno se constituiría? Se adoptó una fórmula colegiada de 5 miembros, similar a una existente en Uruguay, surgiendo así la Pentarquía que a propuesta del DEU quedó integrada por: Dr. Ramón Grau San Martín, médico de la aristocracia, profesor universitario, estuvo preso y exiliado por su oposición a Machado; Guillermo Portela, profesor universitario; Sergio Carbó, periodista que asume posiciones demagógicas de izquierda participante del desembarco de Gibara; José Miguel Irisarri, abogado, combatiente antimachadista y antiimperialista, y Porfirio Franca, banquero y negociante inocuo[xi]; también fue propuesto el sargento Batista, quien no aceptó, prefiriendo mantenerse en la institución armada. Al finalizar la reunión la Junta Revolucionaria quedó constituida por Carlos Prío, presidente, Fulgencio Batista, jefe militar del movimiento y Pablo Rodríguez, jefe del Campamento de Columbia[xii].

 

Se había creado un gobierno ficticio, el presidente Céspedes seguía siendo el Primer Mandatario de la Nación. El 5 de septiembre el nuevo gobierno en unión de Batista como Jefe de Estado Mayor del Ejército y del estudiante Carlos Prío se reúne con el presidente Céspedes en su despacho del Palacio Presidencial solicitándole la renuncia. Céspedes pudo en ese momento solicitar la intervención o llamar a las fuerzas armadas a defender la Constitución, prefirió retirarse y considerándose derrocado expresó a los periodistas allí reunidos:

 

“Es la hora de que cada uno asuma su responsabilidad, he cumplido mi deber tratando de llevarlo por un camino recto, he seguido el programa, no de un grupo sino el de un pueblo. Ahora otros asumen el gobierno. Suya será la responsabilidad ante el pueblo y ante la historia[xiii]

 

En este momento la Mediación había sido derrotada. Welles nunca le perdonaría al nuevo gobierno la destrucción de su obra. La intervención podía ser el próximo paso. Buques de Guerra norteamericanos avanzaban hacía Cuba. El 7 de septiembre circunvala a Cuba una escuadra compuesta por 30 buques de ese tipo, y es reforzada la base naval de Guantánamo.

 

El día 8 los militares de Columbia deciden ascender a Batista a coronel jefe del ejército. Sergio Carbó en representación de la Junta de Gobierno firmó el decreto que ascendía a Batista, (por méritos de guerra y excepcionales servicios prestados a la patria) de sargento de primera al grado de coronel. Se le nombraba, además jefe de Estado Mayor del Ejército. En la mañana de ese día en nuevo Jefe militar se trasladó a las oficinas del Estado Mayor del Ejército, en el Castillo de la Fuerza tomando posesión del cargo.

 

A partir de ese momento comenzó a desmoronarse la Pentarquía. Porfirio Franca y José Irrisarri dimiten disgustados por el nombramiento de Batista. El desaliento se generalizó agudizado por la presencia en Cuba del Secretario de la Marina de Estados Unidos. Los pentarcas reunidos desde la noche del día 8 al amanecer del día 9 discuten y deciden volver al gobierno presidencialista. ¿Quién detentará el gobierno? Fue el Dr. Ramón Grau San Martín quien ante la duda generalizada expresó: “Señores, aquí se ha dicho que estamos sobre un volcán, que esto es la anarquía, que se ha desencadenado el caos, y que nos van a arrastrar. Pues bien, cuando hace unos días ustedes me fueron a buscar a mi casa, yo sabía muy bien que no veníamos a transitar por un sendero de rosas precisamente. Si nos van a arrastras…a mí que me arrastren con todos mis honores, pero antes debemos darle el frente a la situación…”[xiv] Ante esa situación el DEU asume la responsabilidad de disolver la Pentarquía y después de valorar diferentes candidaturas designa Presidente a Ramón Grau San Martín

 

El 10 de septiembre de 1933 se iniciaba, bajo la presidencia de Grau San Martín y la Jefatura del Estado Mayor del Ejército Fulgencio Batista, y con la incorporación posterior de Antonio Guiteras, el Gobierno de los Cien Días.  

 

 Pero esa es otra historia.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

1.                 Briones Montoto, Newton. 2008, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales.

2.                 Cantón Navarro, Dr. José. Historia de Cuba. El desafío del yugo y la estrella, material digital. s/f.

3.                 Le Riverend, Julio y otros autores. 1974 – 1978, La Habana, Editorial Pueblo y Educación.

4.                 López, Francisca, Oscar Loyola y Arnaldo Silva. 1999, La Habana, Editorial Gente Nueva.

5.                 López Civeira,Francisca. Cuba entre 1899 y 1959. Seis décadas de historia. s/f, material digital para nuevo programa de Historia de Cuba II en Ciencias Médicas.

 

 [i] López, Francisca; Oscar Loyola y Arnaldo Silva: Cuba y su historia. Editorial Gente Nueva. La

Habana, 1999 pp.171- 177

[ii] Briones Montono, Newton. Esperanzas y Desilusiones. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,    2008, pp.17

[iii] Op. Cit. pp. 8

[iv] Op. Cit. pp. 30

[v] Op. Cit. pp. 65

[vi]Op. Cit. pp. 110

[vii] Op. Cit. pp 124

[viii] Op. Cit. pp. 156

[ix] Op. Cit. pp 164

[x] Cantón Navarro, Dr. José. “Historia de Cuba. El desafío del yugo y la estrella”, material digital en CD Medicina, 3er. Año, 1er. Semestre, Historia de Cuba III, pp.78

[xi] Ob. Cit. (1) pp. 78

[xii] Le Riverend, Julio y otros autores: Historia de Cuba. Tomo  4,. Editorial Pueblo y

Educación. La Habana, 1975, pp. 87 a 137

[xiii] Información, La Habana, 5 de septiembre de 1933 p.1

[xiv] Ob.cit. (1) pp. 212 – 213

 

 

 

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